101 partidos en Primera para ser primero

Dando pasos de gigante. Fuente: milenio.com.

El ‘Pelusa’ volvió a destacar en aquella visita de Argentinos Juniors a El Palacio de Parque Patricios, sede de Huracán. Sucedió hoy hace 41 años, el 8 de abril de 1979. Se preveía un bonito duelo, y así fue. El césped estaba bien –algo nada común en los campos argentinos de la época, o los campos del mundo en general-, y ambos equipos salieron sin planteamientos especulativos ni marcas al hombre.

El Bicho Colorado del barrio de La Paternal terminó imponiéndose por un claro 1-3. Maradona no anotó pero se hinchó a repartir juego, y colaboró en mayor o menor medida en los tres tantos. Pero, sobre todo, por primera vez en su carrera en Primera División -101 partidos a sus 18 años y medio-, su equipo podía mirar a los demás desde la cumbre de la tabla.

Es verdad que quedaba mucho: apenas era la 6ª jornada de las 18 ‘todos contra todos’ que ofrecía aquel extraño Campeonato Metropolitano de 1978, que incluía fase liguera y después eliminatorias. Es verdad también que, además, había dos liguillas paralelas de primera fase, por lo que el pequeño hito se limitaba a su Grupo A. Pero nunca antes desde su debut su escuadra había marchado como líder en solitario.

Como sabemos, finalmente Diego Armando no logró ganar ningún torneo liguero con Argentinos; su techo llegaría en el Metro del año siguiente, con un sonado subcampeonato. Sí conquistaría tres competiciones de la regularidad en su trayectoria: el Metropolitano de 1981 con Boca Juniors y los Scudettos italianos 86-87 y 89-90, con el Napoli.

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Derechazo, rebote y tanto de “Dios”

El Maradona 84-85, con la camiseta Cirio. Fuente: LearnEnglishThroughFootball.

“No lo ha hecho Maradona, lo ha hecho Dios”. Sí, son palabras de Diego Armando. Pero no, no se refiere a su famosa Mano contra los ingleses: faltaba más de un año para que se la inventase. En cambio, las dijo en italiano en un anónimo Napoli-Ascoli de su primera temporada en el sur de la ‘Bota’.

Fuera de contexto, como aparece a menudo en documentales sobre el ‘10’, la frase parece una declaración de divina soberbia. Pero el ‘10’ se refería a algo bien distinto.

«Non lo ha fatto Maradona, lo ha fatto Dio».

Situémonos: Serie A 84-85, jornada número 24 de las 30 del campionato. Tras una primera vuelta coqueteando con los puestos de descenso, el Napoli había reaccionado a base de fútbol ‘práctico’ (¿por qué no se le llama así cuando se juega bonito y da resultados?), con los argentinos Maradona y Bertoni inventando arriba.

El llamado ‘Burro’ tenía de pronto opciones de entrar en UEFA, y aquella tarde de hace 35 años (31-3-85) visitaba San Paolo el Ascoli de Boskov, Dirceu y Patrico Hernández, que luchaba por salir del descenso. Pero el partido fue malísimo por los de casa, que solo llegaron con peligro a balón parado. Controlaron el balón los visitantes, que se adelantaron con merecimiento en la segunda parte.

Se mascaba la derrota hasta que el tesón Maradona, Dios y la diosa Fortuna se aliaron con el Napoli en el 84. El ‘Pelusa’ aprovechó un fallo en el despeje de un centro a la corona del área y lo bajó con el pecho, pero se le fue hacia la derecha. Con esfuerzo, acertó a rematar ¡con la diestra!, sin ángulo ni mucha fuerza. Pero la suerte es para quienes la buscan: el esférico rebotó en la rodilla del portero Corti, su trayectoria cambió a parabólica y superó al sorprendido Nicolini, que guardaba la línea de gol (1-1 definitivo). Aquí, los dos tantos del encuentro:

Y tras la ducha, ahí viene su propia explicación a la jugada: el tanto “non lo ha fatto Maradona, lo ha fatto Dio”. De hecho, “hemos jugado un partido horrible”, y el Napoli “no se merece clasificarse para la UEFA”. Así sería…

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Argentinos y el ‘10’ tumban de nuevo a Boca (1978)

Otro de los duelos setenteros contra Boca. Fuente: infoarenales.com.

Una de las peculiaridades de la carrera del gigante Maradona es que jugó poco en las superpotencias de cada país. De sus 589 partidos oficiales con los clubes, solo 129 (uno de cada cinco) fueron con camisetas de los tradicionales ‘grandes’: son los que suma entre Boca Juniors (71) y Barcelona (58). Los otros 460 fueron en escuadras medianas que contribuyó a engrandecer, a saber Napoli (259), Argentinos Juniors (166), Sevilla (30) y Newell’s (5).

Esto propició grandes veladas maradonianas batiendo a adversarios teóricamente más potentes. Y una de ellas sucedió tal día como hoy hace 42 años, cuando su querido Bichito Colorado, Argentinos Juniors, se dio el gustazo de superar a Boca Juniors (1-0), el vigente campeón de América y… futuro destino del astro.

El ‘Pelusita’ tenía aún 17 años, y ya sabía lo que era vencer a ‘La Mitad Más Uno’, pues en la temporada anterior Argentinos se impuso por 1-2 en La Bombonera (doblete suyo). Esta vez no abundó en acciones decisivas, pero también lo hizo bien, bastándose para controlar la zona ancha con su insolente clase, y propiciando también alguna ocasión. El gol fue de Jorge Orlando López, cabeceando en jugada a balón parado.

Varias curiosidades confluyeron en este duelo:

– Dieguito solo llevaba 61 partidos en Primera, pero ya había disputado tres contra Boca, y había ganado dos. No sería la última oportunidad en que experimentara ese subidón.

– El duelo contra los ‘bosteros’ era el debut de Maradona en aquella temporada de 1978, por la 2ª fecha del Campeonato Metropolitano. En la 1ª jornada, ¡River-Argentinos!, no pudo comparecer porque estaba concentrado en Mar del Plata con la Albiceleste. El seleccionador Menotti seguía preparando al ‘equipo de todos’ a conciencia, y aún tenía que decidir algunos descartes de cara al medio inminente Mundial ’78 de Argentina…

– El triunfo de Argentinos fue como local y ante su público. Pero no en su cancha, sino en la de Atlanta, situada en el barrio de Villa Crespo, muy próximo a La Paternal. Esta campaña, el Bicho se decide realmente a nomadear en los partidos de casa por otros estadios de mayor aforo, aprovechando el tirón de su gigaestrella juvenil. En concreto, de 20 partidos como anfitrión en aquel Metro ’78, solo disputó la mitad en su campo titular, el pequeño ‘Cajón’ del cruce entre Boyacá y Juan Agustín García.

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El principio del fin del Maradona azulgrana

Junto al capitán del United, Bryan Robson, y Vautrot, árbitro del choque. Fuente: MotherSoccer.

El público del Camp Nou no fue justo con su capitán. Hoy hace 36 años, aquella noche del miércoles, 7 de marzo de 1984, el Barça recibía nada menos que al Manchester United, en la ida de cuartos de final de la Recopa de Europa. Quizá era el duelo estelar de toda la competición, y Maradona no quiso perdérselo pese a estar… muy mal.

Semana y media antes, Diego terminó lesionado el decepcionante clásico contra el Real Madrid (derrota por 2-1 en el Bernabéu). Los Servicios Médicos culés dictaron rotura de fibras en el bíceps femoral de la diestra, y 15 a 20 días de baja. Pero el ‘10’ recurrió a su hombre-milagro particular, su compatriota el doctor Rubén Oliva, el mismo que le ayudó a dinamitar plazos cuando la lesión de Goikoetxea. Para él, era un problema del nervio ciático (!).

El caso es que, tratado por Oliva, el ‘Pibe de Oro’ volvió a acortar tiempos y forzó para saltar al césped en el partidazo contra uno de los ‘grandes’ de Inglaterra. Pero lo hace dura y repetidamente infiltrado para superar sus fuertes dolores. Se habló de que recibió ¡nueve inyecciones en la víspera…!

El Barcelona se impuso por 2-0, más de lo merecido, en un encuentro que decepciona en su conjunto. El 1-0 fue de un inglés en propia puerta, y el 2-0 un chupinazo del canterano rojo desde 30 metros en el minuto 90. Buen resultado para la vuelta en Old Trafford, pero la noticia es que Maradona, que no brilla, ¡es pitado por parte de la afición blaugrana! Era la primera vez que le pasaba en el Barça.

Sufriendo en aquel choque.
Foto: es-la-guerra.blogspot.com.

El ‘10’ terminó sustituido en el minuto 71. Quizá no tenía que haber jugado, porque no estaba en condiciones. Pero no sentía reconocido su esfuerzo, y en este partido empezaría a escribirse su adiós al gigante catalán. Meses más tarde, al borde del traspaso al Napoli, su representante Jorge Cyterszpiler confirmaría que aquello “fue un duro golpe moral” para Maradona, “porque se dio cuenta de que nadie había apreciado su sacrificio”.

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“¡Corre, Carnevale!”: para el genio no hay distancias

San Paolo acogía los últimos minutos del Napoli-Roma de aquella Serie A 87-88. Un torneo que, hasta este partido (21ª jornada de las 30 de la liga italiana), parecía que iba a ser una pasarela hacia el segundo Scudetto napolitano. Los acontecimientos demostrarían que no. Pero el ‘Burro’ llegó a ese encuentro con 5 puntos de ventaja sobre el segundo, el Milan de Sacchi, cuando las victorias aún daban solo dos.

Tampoco se puede considerar sorprendente que la Roma, tercera de la tabla liguera, fuera capaz de ganar en Nápoles, pero se trató de la primera derrota partenopea en casa en dos últimas campañas. Y el 1-2 final fue injustísimo, producto de mucha contención y aislados contragolpes romanistas, ante un líder que generó más pero acertó menos.

El prometedor Giannini adelantó a los visitantes a los 20 minutos, y a los 70 Oddi estableció el 0-2. Careca, soberbio aprovechando un fenomenal servicio en largo de Maradona, acercó a los suyos en el minuto 80. Y, durante el asedio final en busca de las tablas, sucedió este momentazo que rescatamos hoy, 32 años después de producirse.

Maradona avanza con el balón cerca de la banda derecha y sin marca, pero a kilómetros de la puerta contraria. Ya cerca de la divisoria, se detiene un momento a otear y hace un gesto inequívoco con el brazo: “¡corre, que te va!”. Es para Carnevale, delantero que merodea el área allá lejos, rodeado de rivales.

Y entonces, con una fascinante mezcla de dulzura y potencia, la zurda de ‘D10s’ actúa de nuevo, un zambombazo perfectamente teledirigido desde decenas de metros de distancia. La bola sobrevuela a todo el mundo y le cae al compañero justo al pie, al borde del cuadrilátero, entre el pavor de los defensas (vídeo: 4:34).

¡El hecho de que al ariete se le escape el control… no resta importancia al pase divino!

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Odiseas dieguiles: 2 semanas, 5 partidos, 4 Atlánticos

Fuente: infobae.com.

Los primeros 15 minutos de aquel duelo liguero entre el Sevilla y el Athletic de Bilbao (rivales directos por puestos UEFA) resultaron chocantes. Aquel 28 de febrero de 1993, gran parte del estadio pitó cada una de las intervenciones de su jugador estelar, Maradona. Después, lo entretenido del encuentro (3-1 para los andaluces) hizo que esa actitud se fuera diluyendo.

Al final del choque, el ‘Pibe de Oro’ declaró ante los micros: “No quiero que los sevillistas piensen que vine a robarles algo”. Y recordó, “hicimos 12.000 kilómetros para jugar con el Sevilla y encima nos silban. Espero seguir viviendo en Sevilla con la misma paz que hasta ahora”. Pero, ¿por qué el ídolo recibía sus primeras críticas?

Fuente: es.sports.yahoo.com.

El ‘10’ y su joven compañero y compatriota, un tal Diego Simeone, culminaban con aquel partido una loca odisea aérea y atlética que les llevó a cruzarse el Atlántico cuatro veces para jugar tres partidos de Liga y dos de selecciones embutidos en 14 días. Además, el segundo viaje para retornar a la Albiceleste no estaba consentido por el club, pero tampoco podía detenerles. El público sevillista la tomó solo con el Diego más veterano, quizá por considerarlo cabecilla y símbolo de aquello, y porque en ese lapso destacó más con la Selección.

Era inevitable que el organismo de aquel ‘Pelusa’ con ya muchos kilómetros notara tanto trote. Estos fueron los hitos:

– Domingo, 14 de febrero de 1993: Sevilla-Valencia en el Pizjuán (2-2), gran actuación maradoniana que incluyó sendas preciosas asistencias para el doblete de Davor Suker.

– Jueves, 18 de febrero: amistoso Argentina-Brasil en el Monumental de Buenos Aires. Fue el primer partido internacional del ‘10’ desde el Mundial ’90, es decir en dos años y medio.

– Domingo, 21 de febrero: Logroñés-Sevilla en el estadio riojano de Las Gaunas (2-0). Es la parte más fantástica de todo el macroviaje, porque los dos argentinos apenas pasaron 16 horas en suelo español. Aterrizaron en Madrid a las 6.00 del mismo día del encuentro, y una avioneta los llevó al encuentro en Logroño, que comenzó a las 17.00 horas. Aparte de la derrota, Maradona pasó desaprecibido.

– Miércoles, 24 de febrero: Argentina-Dinamarca en Mar del Plata por la Copa Artemio Franchi, una suerte de Copa Intercontinental de selecciones. Tras 1-1, prórroga y penaltis (120 minutos en vez de 90), el ‘10’ logró su segundo título internacional de mayores. Es de entender la celebración…

– Domingo, 28 de febrero: aquel Sevilla-Athletic. A partir de ahí, casualidad o no, el Diego sevillista, que ya estaba poniéndose a tono, se desplomó.

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El ‘partido partido’ de Maradona

La vieja cancha de Argentinos Juniors, testigo mudo de aquel curioso encuentro troceado. Fuente: viejosestadios.blogspot.com.

Arrancaba la temporada 1977 para Argentinos Juniors. Aquel año, el calendario era verdaderamente loco: a los organizadores les salió un Campeonato Metropolitano de 46 jornadas (!), tan largo que el siguiente torneo oficial, el Nacional ’77, terminaría en 1978… Pero todavía las fuerzas estaban intactísimas: el Bicho Colorado estrenaba campaña recibiendo en casa a Quilmes y con su megaestrella juvenil, aquel Dieguito de 16 años, ya en la primera plantilla desde el principio.

Así que todo era ilusión en el barrio de La Paternal cuando los entonces dirigidos por Antonio D’Accorso saltaron a su cancha de tablas aquel domingo 20 de febrero de 1977, 1ª fecha del Metro eterno. En el minuto 3, el ariete Carlos Álvarez –que terminaría máximo goleador de la competición- ya había puesto a Argentinos por delante, al rebote de un tiro libre enviado al travesaño por el imberbe Maradona… Pasada la media hora, Filardo empató para los ‘cerveceros’.

Pero a las nubes de Buenos Aires no les apetecía más fútbol. De pronto, lluvia torrencial. Y más, y más. Ya hubo un amago de suspensión a 180 segundos de alcanzar el entretiempo, cuando los jugadores esperaron en vestuarios durante 20 minutos. Finalmente, el árbitro Feola les animó a que salieran a completar los 45 de la primera parte, y conseguido esto decidió que no se jugaba más.

Aquel Dieguito de los años mozos. Fuente: xenen.com.ar.

No fue el único caso. De los 11 partidos del Metropolitano en aquella jornada, otros tres también fueron aplazados al descanso por las trombas acuáticas (River-Temperley, Vélez-Boca y Banfield-Huracán), y otro incluso antes, a los 36 minutos (Atlanta-Rosario Central).

Los que mandaban decidieron que la segunda parte del Argentinos-Quilmes se jugara dos días después, el martes 22 de febrero. La tempestad había pasado, y el terreno de juego mantuvo la compostura. Sin embargo, y pese a la superioridad de Argentinos, el visitante Fortunato marcó en una jugada de rebotes y Quilmes terminó imponiéndose por 1-2.

Nunca más el ‘10’ jugaría un choque oficial repartido en dos días distintos, y eso que la extraña experiencia le llegó en el tierno partido número 12 de los 633 que firmaría en competición oficial.

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Los dos humanos que le pararon dos penaltis al ‘10’

El segundo de Ivkovic, en Italia ’90. Fuente: sinborceguiesnohayfutbol.blogspot.com.

De las 19 penas máximas falladas por Diego Armando en su larga lista de partidos oficiales (por 90 aciertos), cinco fueron a la madera y dos directamente fuera. Pero, en otras 12, hubo un coprotagonista claro: el portero rival. Solo 10 guardametas ostentan el honor de haberle detenido un penalti a su majestad, el ‘Pibe de Oro’. Y, de entre ese ya de por sí selectísimo club, un par de ellos lo consiguieron por partida doble.

¿Quiénes son?

– Uno de ellos fue el croata (por entonces, yugoslavo) Tomislav Ivkovic, de amplia trayectoria en Portugal, que le paró ambos en la misma campaña (89-90) y en sendas tandas de penaltis para desempatar eliminatorias.

Tomislav Ivkovic. Fuente: @facciacalcio.

La primera tanda se dio en un cruce de Copa de la UEFA entre su Sporting lisboeta y el Napoli: se apostó 100 dólares con Maradona antes del lanzamiento (!), y se los ganó… La otra, al final de ese mismo curso, en el Yugoslavia-Argentina de cuartos de final del Mundial de Italia ’90 (foto que encabeza este post).

Para desgracia de Ivkovic, y pese a su proeza, en ambas ocasiones terminó clasificándose el bando del ’10’

– El otro es el malogrado Giuliano Giuliani, fallecido poco después de retirarse por culpa de la plaga del sida.

Giuliano Giuliani. Fuente: storiedicalcio.altervista.org.

Este portiere ganó con el Napoli de Maradona la Copa de la UEFA 88-89 y el Scudetto 89-90. Pero antes, el tranquilo pero solvente Giuliani había defendido la puerta del Hellas Verona, y aguó la fiesta de los once metros al mismísimo ‘D10s’ del fútbol en sendos partidos de la Serie A entre veroneses y napolitanos. Consumó el hito en menos de un año, con una pena máxima atajada en la 86-87 y otra en la 87-88. A Ivkovic le faltaban aún un par de años para igualar su récord.

Sin duda, la gesta contribuyó a que dejara de ser adversario… ¡y pasara a compañero!

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Eliminatorias en las que Diego gritó: ¡remontada!

Una de las más estimulantes sensaciones del mundo del deporte es esa de darle la vuelta a un marcador adverso en un cruce eliminatorio. ¡Remontada!: la adrenalina se traduce en éxtasis cuando el que se daba por muerto en el choque de ida termina reviviendo en la segunda parte. Y eso no sucede tan a menudo a lo largo de una carrera futbolística, se tienen que dar muchas condiciones. Empezando, claro, por disputar muchos duelos victoriosos a ida y vuelta. Y que el marcador no haya sonreído en los de apertura.

En concreto, nuestro Maradona fue copartícipe de seis remontadas en eliminatorias a doble partido y en competición oficial, todas ellas en Europa. Tal día como hoy pero hace 36 años, el 8 de febrero de 1984, llegó a la tercera, en octavos de final de la Copa del Rey 83-84.

Su FC Barcelona había caído por sorpresa en la ida en Alicante, en cancha del Hércules, un rival de Segunda División (2-1). Fue sin Diego, baja por rotación decidida por el técnico Menotti. Y unos días después, en aquella fría y ventosa noche en el Camp Nou, los azulgranas pusieron las cosas en su sitio con el 3-0 final, pero no lograron el primer gol hasta el minuto 70, obra de Schuster. Después Maradona –cruzando un centro a la red- y Quini redondearían el resultado, aunque los culés ya habían recibido desde mucho antes los pitidos del público. Sin embargo: ¡remontada!

Estos son todos los cruces a dos partidos que consiguieron remontar las escuadras maradonianas tras haber perdido el primero. Solo se cuentan aquellos en las que participó al menos en uno de los dos encuentros (y siempre jugó el segundo). Como curiosidad, Maradona marcó un gol en cinco de estas seis eliminatorias: en todas menos la última. En cuatro de ellas, la remontada se consumó en casa.

1) Curso 82-83, cuartos de final de Copa del Rey: Athletic de Bilbao-Barcelona (1-0, 0-3).

2) Curso 82-83, semifinales de Copa de la Liga: Atlético de Madrid-Barcelona (1-0, 2-5)

3) Curso 83-84, octavos de Copa del Rey: Hércules-Barcelona (2-1, 0-3)

4) Curso 87-88, octavos de Coppa Italia: Napoli-Fiorentina (2-3, 3-1)

5) Curso 88-89, cuartos de Copa de la UEFA: Juventus-Napoli (2-0, 0-3)

6) Curso 90-91, cuartos de Coppa Italia: Napoli-Bologna (0-1, 3-1)

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‘D10s’ y Boca: 13 años de paréntesis

Solo la magia puede explicar la increíble comunión del binomio Bombonera/Maradona, aunque el protagonista humano fuera mago. El arte del ‘10’ dejó de entrada una huella asombrosa en la institución de la Ribera, teniendo en cuenta que, en su primera etapa ‘bostera’, Diego Armando apenas lució la camiseta auriazul durante algo menos de un año (bien nutrido de partidos, eso sí: 69, un 40% de ellos amistosos). Debutó el 20 de febrero de 1981 (amistoso de presentación tras su histórico pase de Argentinos a Boca, precisamente un duelo entre ambos clubes) y no paró hasta otro 6 de febrero como hoy, en otro amistoso ¡contra River!, por la famosa Copa de Oro de Mar del Plata.

Entre esos dos hitos todo había sido una locura, claro. Boca y Maradona se necesitaban mutuamente, se querían desde antes. Los ‘xeneizes’ buscaban revalorizarse, tras dos temporadas sin títulos (y un 1980 especialmente pobre), que se zanjaron con el siempre recordado Campeonato Metropolitano de 1981, primer logro colectivo de ‘mayores’ para Maradona. Y, por supuesto, el joven Dieguito cumplió las expectativas, mezcló su mejor fútbol con golazos, liderazgo y magnetismo.

En ese año escaso, el ‘Pibe de Fiorito’ compitió también en el Campeonato Nacional ’81 y en un alucinante tropel de compromisos por varios continentes, que trataban de rentabilizar y sostener su fichaje. Después del 6 de febrero de 1982, la Selección de Menotti se lo llevó concentrado para el Mundial ’82, un encierro de cuatro meses como pocos se han visto.

Y, desde ahí, a ‘La mitad más uno’ le restaba inopinadamente una condena de 13 años, 7 meses y 24 días para que su mesías volviera a jugar con ellos. Porque poco antes de aquel Mundial ’82, Maradona fichó por el FC Barcelona, el club europeo que llevaba un lustro suspirando por su contratación.

La carrera del crack siguió por otros (también gloriosos) derroteros. Pero siempre añoró aquel ambiente de explosiva y gigantesca caja de bombones. Boca lo pasó peor. Tras la marcha del hombre que tan honda impronta colectiva dejó en un año, para el gigante porteño siguió una década casi entera penando por volver a ganar. Más en concreto, entre 1982 y 1988 fue incapaz de levantar un solo título, y llegó a estar al borde de la liquidación, y a jugar con números pintados a mano en la camiseta, que destiñeron…

Sí hubo un oasis tardío. En su también breve época en el Sevilla, el 14 de octubre de 1992, el ya veterano Diego pudo volver a jugar en La Bombonera con la camiseta de Boca, en un amistoso entre andaluces y argentinos en los que actuó un tiempo para cada equipo, ¡y marcó para sus compatriotas! Pero no fue más que una islita de irrealidad, una fiesta: seguía siendo sevillista.

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Por fin, el 30 de septiembre de 1995, aquel paréntesis casi oceánico que se inició el 6 de enero de 1982 se cerró en el estadio olímpico de Seúl (foto superior). Corea del Sur-Boca Juniors, nuevo amistoso de retorno del ídolo al fútbol tras su controvertida sanción por el positivo en el Mundial ‘94. Ahí lució por primera vez su famoso peinado de la franja amarilla, y una semana más tarde pudo volver a encabezar la fila boquense en la abarrotada Bombonera. Tras múltiples vivencias y batallas, Ulises pisaba Ítaca.

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