Siete coronas de pistolero

Meteórica época de Argentinos Juniors. Foto: thesefootballtimes.co.

A tope, Diego Armando Maradona valía por dos (o más). Sobre todo en la primera mitad de su carrera, no solo generaba la mayor parte de caudal de juego de sus equipos, sino que también resolvía de cara a puerta. Cuando la chispa física le acompañó (esa aceleración incontrolable de sus mejores días), fue también uno de los mejores goleadores de su época.

Por todo esto, un hombre encargado más que nada de crear se las arregló para acumular siete coronas de pistolero mayor de otros tantos campeonatos oficiales.

Particularmente increíble en este aspecto fue su tramo de Argentinos Juniors entre 1978 y 1980. En esa época, la Primera División argentina incluía dos campeonatos consecutivos y sin relación, Metropolitano y Nacional. Y el ‘Pibe de Fiorito’ resultó máximo goleador de todos menos uno.

De esta manera, encabezó la tabla de cañoneros en los Metropolitanos de 1978 (22 dianas), 1979 (14) y 1980 (25), así como de los Nacionales de 1979 (12, empatado con Sergio Fortunato) y 1980 (18). Y el único torneo donde no fue el primero (Nacional ’78)… ¡solo pudo disputar cuatro partidos!, debido a sus compromisos con la Selección Juvenil…

Los otros dos títulos fueron de capocannoniere, porque los logró en su mejor campaña en el Napoli, al menos en lo individual: la 87-88. Resultó máximo goleador tanto de la racanísima Serie A italiana de la época (15 tantos en 28 encuentros) como de la Coppa Italia (6).

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Arqueros más batidos de falta por ‘D10S’

Fabrizio Lorieri. Foto: toronews.net.

Dos son los guardametas que más motivos tenían para temer a Maradona cuando el ‘10’ se aproximaba a chutar un tiro libre. Ambos encajaron tres goles de falta del maestro. Y ambos coinciden asimismo en que, estando la barrera de por medio, recibieron dos goles maradonianos en un mismo partido.

Sus nombres son: Hugo Gatti, el ‘Loco’ de Boca Juniors, flamante antagonista y luego compañero de Diego Armando; y el italiano Fabrizio Lorieri, que durante los años napolitanos del ‘Pelusa’ defendió la puerta de Ascoli y Torino.

Gatti se enfrentó seis veces al genio, y otras tantas vio su marco perforado directamente por el de Villa Fiorito. Como hemos visto, la mitad de esa media docena de tantos fueron de falta. El primero fue el 2-11-1977, en un Boca-Argentinos Juniors con triunfo colorado por 1-2. Se trataba en ese momento del tercer portero batido de tiro libre por Maradona en la aún ternísima carrera de este. Además, sucedió en la primera visita del joven ‘10’ a La Bombonera en competición oficial.

¿Y los otros dos sufridos por Gatti, pues sabemos que nos resta un doblete? Bien, ¡también han pasado por aquí! Los encajó en el inmortal 5-3 entre los mismos equipos, el 9 de noviembre de 1980 en cancha de Vélez. Fue el día del famoso y único póker anotador del crack, que incluyó dos antológicos tiros de falta, uno muy esquinado y otro prácticamente desde la frontal.

– En cuanto a Lorieri, participó en siete duelos contra Maradona, y los tres goles que recibió fueron de falta, todos cuando guardaba el marco del Torino y concentrados en unos meses de la campaña 87-88. El primero, 22-11-87, en la Serie A (el Napoli ganó 3-1). Y los otros dos, en el partido de vuelta de cuartos de final de la Coppa Italia del 7-2-88. Pero Lorieri puede presumir de que su ‘Toro’ ganó en San Paolo (2-3) y fue quien pasó a semifinales.

– Como curiosidad anexa: ¿quiénes recibieron los otros dos dobletes de tiro libre en el mismo partido? Coronel (Altos Hornos Zapla) y Borzi (Huracán), en 1978 y 1979, respectivamente.

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Maradona en la mitad de los goles

No siempre los números dicen todo, pero suelen ayudar a comprender el rendimiento de los jugadores, sobre todo los de tres cuartos de cancha para adelante. Y, si son tan aplastantes como los de nuestro Maradona, rey de los intangibles, incluso los más resultadistas tendrán poco que reprocharle al respecto.

Ya hemos dicho a menudo que, en sus 633 partidos de competición oficial, el ‘10’ metió el balón entre los tres palos en 326 ocasiones, altísimo promedio de más de un tanto cada dos encuentros para alguien cuya principal misión no era golear (y que jugó siete años en el Calcio, en el momento verdaderamente rácano del campeonato italiano). Pero, además, están las asistencias de gol, una estadística tan engañosa en las ausencias –depende demasiado del acierto del compañero a la hora de embocar el pase- como indiscutible en las presencias.

Y hemos encontrado 197 servicios maradonianos que terminaron en goles de otros vestidos como él. Probablemente sea alguno más, porque los datos de las crónicas de algunos de sus primeros partidos no siempre precisan tanto el pasador.

En cualquier caso, 326+197 suman 523 goles con directísima presencia maradoniana. Habida cuenta de que sus equipos sumaron 1.024 (solo en los partidos con él en el campo), resulta que el ‘Pelusa’ fue protagonista en la gestación o la definición de la mitad de los goles de sus escuadras (51,1%, para ser exactos).

Estamos hablando de un único jugador en un deporte que juegan 11 a la vez. ¿No es impresionante…?

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La ‘Testa de Dios’

El Napoli 88-89 quería olvidar como fuera la anterior temporada. Solo meses antes, un Scudetto que parecía hecho se esfumó, incluido motín en el vestuario contra el entrenador Ottavio Bianchi, lo que significó la exclusión de la plantilla de varios pesos pesados: el portero Garella, el defensa Ferrario, el medio Bagni y el delantero Giordano. El verdugo casi definitivo fue el novedoso Milan de Arrigo Sacchi, Gullit y Van Basten, que dio la puntilla a los azules imponiéndose por 2-3 a tres jornadas del final. El público napolitano terminó aplaudiendo al rival…

Solo meses después de aquello, la Serie A 88-89 disputaba su 7ª jornada (de 34), de nuevo en San Paolo, y allí estaba el Milan otra vez. Había que vencer a la bestia para enterrar aquel trauma. Además, comparecía en el Golfo napolitano un conjunto rossonero sin varios titulares.

Fue un partidazo de los partenopeos (4-1), más contundentes que brillantes. Pero hasta el borde del descanso perduraba el 0-0 inicial, roto con uno de los más extraordinarios goles que marcó jamás Maradona: un cabezazo desde fuera del área para resolver un mano a mano con el portero de una manera que solo se le podía ocurrir al fuera de serie.

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En torno al minuto 42 de acción, en apenas segundos sucedieron muchas cosas que tratamos de resumir. El napolitano Crippa se hace con el balón cerca de la línea de medios, pero no le presionan, mientras la tácticamente entrenadísima línea defensiva milanista, como un único organismo, se adelanta al unísono para tratar de que alguien caiga en fuera de juego. Calcula mal, y Maradona arranca desde tres cuartos de cancha, cruzándose con los lombardos, mientras el cuero bombeado por Crippa vuela hacia él.

¡Diego Armando corre absolutamente solo hacia el portero Galli, y la bola que cae hacia allí! Hasta ahora, medio normal. A partir de ahora, lo extraordinario. El guardameta también sale precipitadamente del área grande, a tratar de despejar, y la pelota bota entre el cancerbero y el ‘10’, con efecto hacia atrás.

Contemplar el esférico rotando junto a los rizos termina de darle la idea a Maradona: le pega con el alma de cabeza, desde unos 20 metros de distancia, y la parábola supera a Galli. El astro cae al suelo junto al arquero, y los dos (y sus compañeros, y las 85.000 personas del estadio) se deleitan con la imagen casi a cámara lenta de un balón que entra botando a la puerta desguarnecida. “He notado el silencio de San Paolo”, dice ‘D10s’. Calma rota por los vítores.

¡Dentro vídeo! (minuto 1:15):

Aquel 4-1, en ‘Fiebre Maldini’

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Pequeño golpe, gran castigo

El delito.

La rodilla derecha del genio no marchaba bien al inicio de la temporada 85-86, su segunda en el Napoli (quién lo diría, al final de la misma). Se llegó a especular seriamente con que sería operado precisamente para facilitar su presencia en el Mundial. Lo más increíble, el motivo de la lesión en el menisco: la patada de un hincha venezolano, en la previa de un duelo internacional entre la Albiceleste y la Vinotinto…

En esas, otro domingo como hoy, el 24 de noviembre de 1985, se pasó por San Paolo el Udinese, que ya se había quedado sin Zico y estaba demasiado cerca de los puestos de descenso. El Napoli, en cambio, estaba en el vagón de arriba, aunque solo fuera la jornada 11 de las 30 que tenía la Serie A por entonces.

Al minuto 9, golazo maradoniano en un tiro libre desde el lateral del área grande, a unos cuatro metros de la línea de fondo. Con poco ángulo y mucho efecto, la clava por el ángulo más lejano. ¡Impresionante! Pero lo más noticioso sucede a 10 minutos del descanso.

Criscimanni, centrocampista visitante, entra feo a Maradona, apuntando directamente a la rodilla derecha: es un secreto a voces que es su punto débil. Lo del ‘Pelusa’ es humano: se levanta como un resorte, propina un leve cabezazo a su agresor –más amago que impacto- y este teatraliza la respuesta. ¡Roja directa a D10s! “Es la primera falta que hago en el año”, se queja Diego, despedido por los suyos con atronadora ovación, interpretable a la vez como crítica al árbitro Mattei. Para mayor escarnio, el Udinese empatará en el 79.

Se trata de la segunda y última expulsión maradoniana en su largo trasiego italiano (siete temporadas, 259 encuentros oficiales). Además, fue la única que acarreó suspensión. En la temporada anterior, 84-85, también vio la cartulina colorada contra el Ascoli, en otra acción exagerada por un adversario. Pero en aquella ocasión, la justicia deportiva le quitó rápidamente la sanción, tras revisar el vídeo; esta vez lo tenía más complicado.

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Primer mano a mano a 11 metros

Tal día como hoy, en 1977, era miércoles, pero hubo fútbol en Argentina. Se jugaba la 2ª jornada del Campeonato Nacional, el segundo torneo de la Primera División de entonces. A Argentinos Juniors, equipo del meteoro Maradona, le correspondió arrancar con visita a Unión de Santa Fe, donde defendía puerta un tal Nery Pumpido, el mismo que alcanzaría la gloria junto al ‘Pelusa’ en México ’86 (ver foto inferior). El de Villa Fiorito cumplía 50 partidos exactos en la máxima categoría.

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Al poco del pitido inicial, el ‘Oveja’ Telch, centrocampista internacional albiceleste, ya había puesto por delante a Unión. Pero a los 25, Carlos Fren fue objeto de penalti a favor de Argentinos. Ya no estaba con Argentinos Carlos ‘Bartolo’ Álvarez, el que los tiraba hasta el campeonato anterior (Metropolitano ’77): le fue tan bien (27 goles, 7 de ellos de ‘penal’), que se lo había llevado Boca…

Así que, momentazo histórico: Maradona, un chaval de 17 años y 24 días de vida, se enfrenta a la responsabilidad del mano a mano contra el portero a 11 metros de distancia, por vez primera entre los mayores. El que está enfrente, Pumpido, no es exageradamente mayor (20 años), pero gana el más niño: ¡gol de Dieguito!

Contando solo los partidos de competición oficial, Maradona lanzará en total 109 penaltis (se incluyen siete tandas de desempate), y convertirá 90. Supone una efectividad del 82,6%, altísima en un jugador que tiró tantas veces desde el punto fatídico. Está reconocido como uno de los grandes especialistas de siempre.

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Jugar contra siete no es jugar

Diego Armando llevaba apenas un puñado de partidos en el Sevilla, que aspiraba a intentar revivir con el ‘10’ otra fábula sureña como la napolitana. No saldría así, pero aún tardaría en romperse el embrujo. A 22 de noviembre de 1992, la ilusión era máxima en la afición hispalense y en el propio jugador, que tras sus 15 meses de sanción por consumo de cocaína luchaba por resucitar una vez más, y acercarse a ser quien fue.

En esas, aquel domingo los andaluces que dirigía Bilardo visitaban al Celta de Vigo, recién ascendido que buscaba un futuro fijo en Primera. El gran poder de aquel Celta de Txetxu Rojo radicaba en no encajar y tratar de rentabilizar sus escasas dianas (terminaría la Liga como equipo menos goleador y segundo menos goleado). Por eso, sorprende el festivo 1-2 con el que se llegó al minuto 10.

Sí, primero Gudelj adelantó a los vigueses (1-0, minuto 4). A continuación, ‘D10s’ sacó brillo a la zurda mágica para marcar de tiro libre, el penúltimo de su carrera en partido oficial: desde la frontal del área, la coló  a media altura junto al poste derecho, inalcanzable para el meta Cañizares (1-1, minuto 6). Y unos 180 segundos más tarde, Bango cabeceó a la escuadra un córner botado por el propio Maradona (1-2).

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Pero la noticia no fue el primer gol ‘no de penalti’ del Diego sevillista, ni la primera falta certera desde la campaña 89-90, ni el primer triunfo como visitante del ‘Pelusa’ con su nueva casaca. La noticia fue el árbitro Díaz Vega, quien, quizá inspirado por el colorado de la camiseta visitante del Sevilla, disparó cuatro tarjetas rojas contra los gallegos en menos de media hora, algunas exageradas. Y el partido, claro, terminó siendo un sainete, siete contra once. ¡Todos expulsados locales!, imaginemos el humor del público…

Las víctimas, por orden, fueron Ratkovic (minuto 59, roja directa), Juric (minuto 74, segunda amarilla), Engonga (84, ídem) y Gudelj (88, roja directa). Valor no se le podía negar al colegiado, que tuvo que salir de Balaídos escoltado (como el autobús sevillista); pero acierto, sí.

Es el partido oficial maradoniano en el que menos jugadores contrarios terminan sobre el césped. Alguna amarilla vista por los guillotinados fue por protestar, y el ‘Pibe de Fiorito’ no pudo evitar solidarizarse con los rivales: “Los jugadores no pueden hablar, y eso se ha demostrado con las expulsiones de los chicos del Celta. Se sacan muchas tarjetas por hablar y muy pocas por dar patadas”.

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La barrera no es problema (1978)

Exagerando mucho, se puede decir que hay días en que los lanzamientos de falta parecen penaltis, sobre todo si chuta el hombre adecuado.

Eso pudo pensar la afición de Argentinos Juniors otro 19 de noviembre como hoy, el de 1978. Fue entonces cuando las ondas radiofónicas procedentes de la remota provincia de Jujuy –o la prensa del día siguiente- les hicieron conocer que su Dieguito había marcado dos tiros libres en el mismo partido del extinto Campeonato Nacional, torneo que cerraba la temporada argentina por entonces. Fue su primer doblete de falta, de cuatro que logró a lo largo de su carrera en partido oficial. Otro ya lo hemos repasado aquí.

Aquel compromiso de hace 41 años fue eso, casi un compromiso, porque los dos equipos se sabían prácticamente pre-eliminados de la fase de grupos del Campeonato Nacional, aunque aún quedara mucho (fecha 5 de 14). El local era el modesto Altos Hornos Zapla de Palpalá, ciudad a 1.300 kilómetros al noroeste de Buenos Aires: por potencial, parecía difícil que entrara entre los dos primeros del grupo, que eran los que seguirían en competición.

El visitante, Argentinos Juniors, solo podía contar con su joya durante los partidos de jornadas impares (!), porque el resto del tiempo está concentrado con la Selección Sub-20. Pronto, para la segunda vuelta de la liguilla, el combinado nacional juvenil se lo llevará definitivamente. Sin él, todos en el barrio de La Paternal saben que no habrá posibilidades.

Quizá por todo esto, pese al enorme calor que soportan los protagonistas, el partido es de juego desinhibido, y gana el Bicho Colorado por 1-2. En la segunda parte, el doblete. En la primera estocada, una galopada del ‘Pibe de Fiorito’ es cortada en falta al borde del cuadrilátero: la clava por el ángulo. En la segunda tiene más suerte: otro tiro libre, chut del ‘10’, pega en la barrera para desconcierto del portero y dentro.

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Novena falta a las mallas

Quien vio chutar tiros libres al ‘Pelusa’ no lo olvida. La rosca endiablada buscaba cualquiera de los ángulos de la portería, y en 59 ocasiones consiguió que la pelota también cantara gol. Sin datos completos de sus competidores más antiguos, no hay duda de que fue uno de los mejores especialistas del fútbol también a la hora de lanzar faltas.

Si nos ceñimos a una única temporada, su récord personal es escalofriante: nueve. Lo estableció tal día como hoy, en 1980. Argentinos Juniors visitaba a Huracán por el Campeonato Nacional, el torneo que cerraba la temporada entonces. Y perdió 3-2, pero no importó tanto porque:

– El Bicho Colorado ya estaba clasificado para cuartos de final.

Maradona logró los dos goles, que le sirvieron para llegar a los 18 y volver a coronarse máximo goleador de un torneo argentino (por quinta vez, ¡a los 20 años!).

– Y Diego Armando anotó el segundo de tiro libre, convirtiendo el noveno gol de falta de la campaña 1980 (por entonces, el año futbolístico coincidía con el año natural en Argentina). El segundo registro data de la campaña 87-88 con el Napoli, cuando llegó a ocho entre Serie A y Coppa Italia.

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Los nueve tiros libres se repartieron en ocho de los 45 encuentros de aquella campaña 1980 de Argentinos (Campeonato Metropolitano+Campeonato Nacional). Las cuentas salen porque hubo un doblete: solo una semana antes del enfrentamiento contra Huracán, Diego le había clavado dos faltas a Boca Juniors, el día de su mítico póker

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Globo perfecto contra San Lorenzo de Almagro

Dos capturas del momentazo.

¿Quién no ha oído hablar del tan manido “devolvió el precio de la entrada”? Pues el ‘10’ siempre dejaba algo como para que el espectador sintiera eso. Pero a menudo no se conformaba con el comido por servido: le regalaba al hincha una generosa propina. Por ejemplo, en aquel Boca-San Lorenzo de Almagro que tuvo lugar en La Bombonera tal día como hoy, en 1981.

Faltaban tres jornadas para terminar la fase de grupos del Campeonato Nacional, uno de los dos torneos de la Primera División argentina por entonces (el Boca de Diego Armando había ganado el anterior, el Metropolitano ’81).

Los ‘xeneizes’ llevaban encarrilada la clasificación para cuartos de final, y Maradona venía de firmar un triplete solo una semana antes, con dos lindos goles de vaselina ante Instituto de Córdoba. Pero ante San Lorenzo protagonizó un globo más, mejor aún si cabe: uno de los más espectaculares de su vida. Recordemos que logró 12 en el conjunto de su carrera, por lo que concentró el 25% en solo ocho días…

Boca triunfó por 3-0, y el segundo tanto (minuto 56) vino de esta espectacular manera: el ‘Pibe de Oro’ recibe en el pico del área grande con el rival Veloso delante, le encara haciéndole recular, amaga y clava un impresionante globo cruzado hacia la escuadra opuesta, por encima de Veloso y del portero Cousillas. La hinchada ‘bostera’ se quemó las manos de aplaudir… ¡Disfruten ustedes también!:

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