Gol inverosímil ante la UD Las Palmas

A puntito de consumar; aún parecía asistencia…

El Barça de Maradona disputaba su último partido de casa de la Liga 82-83, ante la Unión Deportiva Las Palmas. Aunque todavía restaría la última jornada, los catalanes ya sabían que, como mucho, serían bronce en el campeonato: la enfermedad de Diego había terminado pesando demasiado. Sin embargo, los azulgranas buscaban rearmarse de moral de cara a las rondas decisivas de los siguientes dos torneos coperos, Copa del Rey y Copa de la Liga (conquistarían ambos).

Enfrente, un rival en la pelea por eludir el descenso, que además compareció automutilado: el entrenador José Manuel León reservó cuatro titulares apercibidos de sanción, quizá dando por descontada la derrota. Lo que seguro que no calculaba nadie es que el Barcelona se impondría por un soberano 7-2, mayor goleada de la campaña igualando a un Zaragoza-Racing que terminó con el mismo marcador. Los propios culés no marcaban tantos goles en Liga desde la 78-79. Aquí los tienen todos:

Exhibición.

Y se salió el ‘10’, por fin a tono tras muchos meses mermado por culpa del virus. Marcó tres de los siete, fue el pasador en otro. Pero el 4-0 del minuto 18, su segundo de la tarde, fue especialmente increíble. En siete segundos, desde que recibe el balón a la derecha del área grande hasta que lo materializa, pasan muchísimas cosas.

Diego controla, encara y se pasa la pelota de pie a pie para escapar de su marcador; le sale al paso otro defensa, y también lo gambetea. Entra así en diagonal al área chica por una esquina y, cara a cara con el arquero Manolo y atrapado por la línea de fondo, cede la pelota a su compinche Víctor, que está al lado pero con más ángulo. Este ¿remata? fatal, de lo fácil que era, y el balón le vuelve a Maradona, que empuja casi agarrado al poste (en el vídeo anterior, minuto 1:16).

¿Por qué el trío arbitral no pitó fuera de juego? Quizá había demasiada información en tan poco tiempo… Una hazaña así despistó incluso a los hombres de negro.

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Un gol de los que “dejan contenta a la gente”

El Maradona colorado, contra Talleres: ¡un clásico! Fuente: la1913.com.

Corría el año 1980, y aquel 3 de abril de hace 40 años redondos Argentinos Juniors recibía a Talleres de Córdoba en cancha de Atlanta. ¡Talleres!, ese equipo tan especial para Maradona; contra el que debutó en Primera División, contra el que debutaría también con Boca en partido oficial. Y, entre medias, momentos inolvidables como el que recordamos hoy.

El Bicho Colorado venció por 3-2 y se colocó a un punto del liderato de aquel Campeonato Metropolitano que cumplía su 11ª jornada de las 38 totales. Por primera vez en la ‘Era 10’, el buque insignia futbolístico del barrio porteño de La Paternal parecía en condiciones de pelear por el título (terminaría subcampeón).

Y Diego aportó dos goles sublimes. El 1-0 (minuto 5), un golpe franco escorado a la derecha que la divina pierna izquierda alojó en la escuadra opuesta, con la maestría acostumbrada. Pero su belleza quedaría incluso eclipsada por el segundo tanto, el 2-0 del 55: un desparrame maradoniano de esos que marcan un antes y un después, incluido misil sin ángulo.

La descripción sería algo así: el crack se marchó del defensa Oviedo en el área, y el portero Quiroga salió a achicarle el espacio. El ‘10’ respondió con un autopase hacia la línea de fondo, donde recortó de nuevo a Quiroga y le regaló al cuero un zurdazo paralelo a la línea de cal que superó a los zagueros que protegían la puerta. La bola pegó en la cruceta y entró. Aplaudieron hasta los hinchas cordobeses.

Así lo recreó El Gráfico.

“Lo grité tanto porque hacía mucho que no convertía un gol lindo. Últimamente no se me daba”, confesó el ‘Pibe de Oro’ en el pospartido, según recogía Clarín. “Es decir, la metía pero no me quedaba del todo conforme con las jugadas”. El genio miraba pues más allá de la contabilidad: ese tipo de acciones “tienen un sabor distinto: dejan contenta a la gente”. ¡Ello es!

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Derechazo, rebote y tanto de “Dios”

El Maradona 84-85, con la camiseta Cirio. Fuente: LearnEnglishThroughFootball.

“No lo ha hecho Maradona, lo ha hecho Dios”. Sí, son palabras de Diego Armando. Pero no, no se refiere a su famosa Mano contra los ingleses: faltaba más de un año para que se la inventase. En cambio, las dijo en italiano en un anónimo Napoli-Ascoli de su primera temporada en el sur de la ‘Bota’.

Fuera de contexto, como aparece a menudo en documentales sobre el ‘10’, la frase parece una declaración de divina soberbia. Pero el ‘10’ se refería a algo bien distinto.

«Non lo ha fatto Maradona, lo ha fatto Dio».

Situémonos: Serie A 84-85, jornada número 24 de las 30 del campionato. Tras una primera vuelta coqueteando con los puestos de descenso, el Napoli había reaccionado a base de fútbol ‘práctico’ (¿por qué no se le llama así cuando se juega bonito y da resultados?), con los argentinos Maradona y Bertoni inventando arriba.

El llamado ‘Burro’ tenía de pronto opciones de entrar en UEFA, y aquella tarde de hace 35 años (31-3-85) visitaba San Paolo el Ascoli de Boskov, Dirceu y Patrico Hernández, que luchaba por salir del descenso. Pero el partido fue malísimo por los de casa, que solo llegaron con peligro a balón parado. Controlaron el balón los visitantes, que se adelantaron con merecimiento en la segunda parte.

Se mascaba la derrota hasta que el tesón Maradona, Dios y la diosa Fortuna se aliaron con el Napoli en el 84. El ‘Pelusa’ aprovechó un fallo en el despeje de un centro a la corona del área y lo bajó con el pecho, pero se le fue hacia la derecha. Con esfuerzo, acertó a rematar ¡con la diestra!, sin ángulo ni mucha fuerza. Pero la suerte es para quienes la buscan: el esférico rebotó en la rodilla del portero Corti, su trayectoria cambió a parabólica y superó al sorprendido Nicolini, que guardaba la línea de gol (1-1 definitivo). Aquí, los dos tantos del encuentro:

Y tras la ducha, ahí viene su propia explicación a la jugada: el tanto “non lo ha fatto Maradona, lo ha fatto Dio”. De hecho, “hemos jugado un partido horrible”, y el Napoli “no se merece clasificarse para la UEFA”. Así sería…

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Napoli-Juve (1990): despierta la fiera dormida

Fuente: footballmusings.home.blog

La Serie A 89-90 estaba aceleradísima, para que la liga italiana terminara a finales de abril y el país entero se centrara en el Mundial de 1990, que llevaba años preparando. Por eso, aquel Napoli-Juventus celebrado en San Paolo hoy hace 30 años suponía ya la jornada número 30 de las 34 del campionato, y con los sureños peleando por el segundo Scudetto de su historia.

Maradona, recordemos, llevaba hasta ahí un curso de claroscuros. A principios de campaña, declarado en rebeldía para que lo traspasaran (no tuvo éxito), retornó de las vacaciones un mes más tarde de lo debido, pasado de kilos y cuando la competición liguera había consumido sus cuatro primeros peldaños. Precisamente con el reto máximo de fondo (tratar de revalidad en Italia ’90 la corona de México ’86), le prometió al nuevo y dialogante técnico Albertino Bigon que se pondría en forma.

Bien, no había sido tan así. Aunque siempre se las arreglaba para marcar el gol decisivo o enviar la asistencia perfecta, la campaña de Diego Armando había sido un carrusel de altibajos, con aparentes mejorías transitorias y súbitos desplomes y dimisiones de los entrenamientos. En el último tramo pareció disciplinarse e ir mejorando definitivamente, pero poco a poco.

Así que incluso sorprendió la auténtica exhibición de fútbol que regaló a los hinchas partenopeos aquel domingo primaveral contra el archienemigo. La Juve se presentó en la capital del sur aún con remotas opciones de título, al que realmente aspiraban el Milan y los napolitanos. Pero los turineses no tuvieron nada que hacer ante un ‘10’ desatado como hacía cerca de un par de años que no se veía (en el vídeo, sus intervenciones):

Grazie, R9godmagic!

El genio argentino firmó dos bellos goles, los dos primeros del 3-1 final. Uno tras recibir en el punto de penalti de espaldas al arco: controló con la diestra y ajustició a Tacconi a la media vuelta, raso y cruzado con la zurda. El otro, en un tiro de falta lejano y centrado, que entró pegado al poste y por bajo, pese a la vehemente colocación de barrera del arquero bianconero.

Pero no solo fue eso. Físicamente pareció otro, enchufado y brioso a lo México ‘86. No dejó de atacar, desbordar, pensar, correr, asistir, regatear… y los rivales solo pudieron sujetarlo a base de agarrones. Relevado por Mauro a seis minutos del final, la ovación que le dedicó San Paolo entero fue de órdago.

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Diego unifica aplausos (Vélez-Argentinos, 1979)

De colorado y contra la ‘V’. Fuente: Goal.com.

Amanecía la temporada argentina de 1979, la de la consagración de Dieguito como máxima figura sudamericana, a pesar de no figurar en una escuadra de campanillas. No son pocos quienes opinan que, individualmente, nunca brilló tanto individualmente en una campaña completa a lo largo de su carrera, por encima incluso del 1981 ‘xeneize’ o de la gloria napolitana.

Sin embargo, eso era el final. Aquel Argentinos Juniors que dirigía el brasileño Delém no había iniciado bien el Campeonato Metropolitano de 1979. Arrancó con valioso empate en cancha de Unión de Santa Fe, pero venía de sucumbir en La Paternal por nada menos que 1-5 contra Racing de Avellaneda. Un resultado exagerado por lo visto sobre el césped, pero escandaloso: ¡la peor derrota casera del ‘10’ en sus 21 años en el fútbol!

Por eso, ciertas urgencias asomaban en la 3ª jornada del Metro. Tal día como hoy hace 41 años, tocaba visita a El Fortín de Vélez Sarsfield, que tampoco iba bien en ese momento: colista del Grupo A junto al Bicho Colorado. Era la primera de las cinco veces que terminarían enfrentándose ambas escuadras en aquella campaña.

Por eso resalta más aún que todo el estadio José Amalfitani se rindiera a la exhibición maradoniana, aplaudida incluso por la dominante afición de la ‘V’. El ‘Pelusa’ no solo marcó dos goles que llevaron a su equipo a la victoria por 1-3 (el segundo, directamente antológico), sino que ofreció múltiples trucos mágicos y provocó la expulsión de su marcador. El ‘10’ unificó en aplausos a hinchas propios y rivales, como lograría varias veces más en su carrera.

Los dos tantos dieguiles:

0-1 (m. 32): el dios colorado observa al arquero Falcioni algo adelantado y larga un remate desde 30 metros de distancia, con efecto, que el portero llega a tocar pero termina en las mallas.

1-2 (m. 46): el crack se marcha de cuatro rivales en 10 metros de terreno y, ante el meta Falcioni, amaga con tirársela a la derecha y se la clava por alto por la izquierda. Según el cronista de Clarín, es un gol “digno de pasar a integrar la historia mundial del fútbol exquisito”. Pues eso.

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El ‘10’ encarrila una Coppa Italia… que no terminaría

Penúltimo duelo contra la Samp. Fuente: Il Napolista.

El Napoli buscaba concluir con dignidad la convulsa temporada 90-91, sin duda alguna la peor (y a la postre última) de la ‘era Maradona’. Estuvo marcada por los escándalos extradeportivos y la progresiva baja forma de la estrella, y con el vigente campeón situado a media tabla bien avanzada la Serie A. El contrato le vinculaba a la entidad sureña hasta mediados de 1993, pero ya todo el mundo daba por hecho que no seguiría allí en la 91-92.

Eliminado también en la Copa de Europa tras la primera gran polémica dieguil del curso, al ‘Burro’ partenopeo solo le quedaba una oportunidad de tocar metal y recomponer un poco el desaguisado: la Coppa Italia, donde había alcanzado las semifinales.

Aquel martes, 12 de marzo de 1991, los meridionales recibían en San Paolo la visita de la fascinante Sampdoria de Vujadin Boskov –que iba lanzada hacia su primer Scudetto, y ya había maltratado a los celestes-, en la ida de la penúltima ronda del torneo eliminatorio. Debido a que priorizaba el gran título de la regularidad, el técnico balcánico reservó a cuatro titulares; no así el entrenador napolitano Albertino Bigon, que sabía que la Coppa era el clavo ardiendo del equipo.

El caso es que Maradona, casi dimitido de los entrenamientos (y secretamente aquejado de una pierna izquierda que no le dejaba correr), sorprende por todo lo alto, regala su última gran actuación en Italia. Como reza Corriere dello Sport, se muestra “inspirado como nunca” y, sin apenas moverse, reparte fantásticas asistencias que sus compañeros no logran transformar en alegría.

Pero lo más trascendente sucede en un córner del minuto 22, que esta vez no saca él, sino el heredero Zola. El rodeadísimo Diego, ante cuyos 164 centímetros los defensas genoveses parecen enormes, alcanza a cabecear perfectamente a las mallas desde el área chica. El festejo es consecuente: es el 1-0, que sería único tanto del encuentro, y que encarrila la eliminatoria. ¡Gol!:

Hacía meses, una eternidad, que el ‘Pelusa’ no marcaba un gol ‘no de penalti’. Y por otro lado, este testarazo sería el último gol con la cabeza de la carrera de Maradona, que pese a su poco elevada talla se las arregló para marcar con el cráneo nada menos que 23 veces en partidos de competición oficial.

Aún no se conocía que solo le restaban dos partidos con el Napoli, y que ya no estaría en el choque de vuelta (3 de abril), porque en mitad saltó el positivo por cocaína que cerró tan tristemente su aventura napolitana. El descabezado Napoli perdería contra la Samp en la vuelta (2-0) y ahí moriría su Coppa Italia.

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¡Golazo!, el primero del ’10’ con Boca

Fuente: SoFoot.

La vida maradoniana venía acelerada aquel primer trimestre de 1981:

– El 20 de febrero, viernes, firmó su primer ‘Pase del Siglo’ para saltar de Argentinos Juniors a Boca Juniors. Ese mismo día jugó un amistoso de presentación+despedida en el coliseo de la Ribera, en el que se vistió con las camisetas de ambos equipos. Marcó con la auriazul, e intentó que no se notara el tirón que había sufrido en sus últimos entrenamientos con el Bicho Colorado.

– El 22 de febrero, domingo, vivió su primer choque oficial como ‘xeneize’ contra Talleres de Córdoba, en la propia Bombonera. Su nuevo equipo abrió el Campeonato Metropolitano venciendo por 4-1, con doblete maradoniano desde el punto de penalti, a pesar de su secreta lesión muscular.

– El 24 de febrero, martes, Boca se trasladó a Mendoza para jugar un amistoso contra Independiente Rivadavia (victoria por 1-2, nuevo tanto maradoniano). Tuvo que dejar el césped a los 55 minutos, porque con ese trote no ha habido manera de recuperarse de la dolencia.

– El 26 de febrero, jueves, marcha a Múnich, Alemania (!) a representar a Puma en la importantísima Feria del Deporte de la ciudad.

– Y el 1 de marzo de 1981, domingo, aterriza por la mañana de vuelta a Buenos Aires. Esa misma jornada forma parte del once inicial del entrenador Silvio Marzolini para recibir en casa a Instituto de Córdoba, debutante en el Metro, por la 2ª jornada del campeonato.

Han sido 10 días de locos, y Maradona –tan cansado como lesionado- va perdiendo energía a medida que pasan los minutos del encuentro. El duelo terminará 2-2, pero en la primera parte el ‘10’ ya había marcado dos veces. El 1-0 fue de nuevo de penalti, tercera pena máxima convertida en una semana. Pero falta lo mejor.

En el minuto 35 de partido, con 1-1 en el marcador, el ‘Pibe de Fiorito’ se inventa su primera obra de arte boquense. Recibe en la frontal del área una prolongación de testa de Perotti, se libra del defensa nieto con un sombrero en la media luna del área y, encimado por este y otros dos adversarios, la pega con la derecha (sí) para clavársela al portero y ex compañero Munutti entre las piernas.

¡Disfrútenlo! (1.15):

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¡Triplete maradoniano contra la Lazio!

La cámara de la RAI lo muestra domesticando el cuero.

En aquel fascinante pero cerrojerísimo Calcio de los 80, marcar un solo gol otorgaba posibilidades inauditas de vencer. En la temporada 84-85, la primera del ‘Pelusa’ en el Napoli, solo hubo dos tripletes en 240 partidos. ¡Dos! Uno lo conseguiría el anónimo Di Carlo (Roma) en la antepenúltima jornada, en un 0-5 contra el descendido Cremonese; fueron sus únicos tres goles en la campaña… Y el otro, un tal Maradona en un Napoli-Lazio, tal día como hoy en San Paolo y hace 35 años (24-2-85, 20ª jornada de las 30 de aquella liga italiana).

La Lazio que dirigía el también argentino Juan Carlos Lorenzo marchaba en penúltimo puesto, y el ‘Burro’ (mote del Napoli) iba remontando ya con ciertas esperanzas europeas, tras una fructífera concentración de Año Nuevo. Diego Armando, adaptado a la Serie A, tendía a salirse, pero contra los capitalinos fue un bólido, firmando su primer y único hat-trick en sus siete años a los pies del Vesubio.

Tras un primer tiempo insulso (0-0), el ‘Pibe de Oro’ aplicó el rodillo.

1-0 (m. 58): el crack ronda el área, recoge una errónea cesión de un defensa al portero Orsi, controla con la derecha y fusila con la zurda, desde la frontal del área chica.

(2-0 (m. 78): no lo marcó ‘Él’, sino Filisetti en propia puerta, pero… ¡a centro de Maradona!)

3-0 (m. 84): el astro pugna por una pelota a unos cinco metros de la frontal del área, algo escorado a la izquierda. Logra robar el balón y se inventa desde ahí un forzadísimo y fuerte chut parabólico a la media vuelta, por encima del guardameta. ¡Impresionante!

4-0 (m. 87): la felicidad es completa cuando saca un córner muy cerrado, el portero mete puños pero no puede evitar que se cuele por la escuadra del primer palo. ¡Primer y único gol olímpico maradoniano en partido oficial!

Vídeo, por si los despistados:

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Otro ‘Gol del Siglo’, redescubierto en 2013

Penúltimo tramo de la proeza: portero en el suelo. Fuente: caracol.com.co.

¿Cuál fue el mejor gol de Maradona? El propio astro tampoco parece tenerlo del todo claro, a pesar de ser quien firmó el indiscutiblemente mejor para el resto de los mortales, el Gol del Siglo a los ingleses.

Sin embargo, alguna vez en entrevistas ha citado algún otro, como uno que hizo con Argentinos Juniors en cancha de Huracán allá por 1977, siempre desarbolando a unos cuantos adversarios. E incluso, en una entrevista en Cuba en 2003, habló de este que traemos hoy, ejecutado hace 40 años. Un gol en un amistoso de 1980, durante 33 años solo presente en algunas fotos y en la memoria de quienes lo presenciaron. Hasta que en 2013 fue recuperada su versión fílmica, de muy baja claridad pero gran trascendencia.

A inicios de aquel 1980, Argentinos Juniors se embarcó en una bonita gira de amistosos por varios países americanos, aprovechando el tirón de tener en nómina al supercrack del Mundial Juvenil de 1979. Incluso, siguió jugándolos cuando ya había empezado el fútbol oficial, el Campeonato Metropolitano argentino. Y aquel 19 de febrero compareció en el estadio Hernán Ramírez Villegas de la localidad colombiana de Pereira, como parte de un minitorneo. Allí se midieron el Deportivo local contra el Bicho Colorado.

El resultado final lo dice todo: 4-4, con tres goles del ‘10’. Pero especialmente impactante fue su 3-3, con varios rivales dejados atrás, incluido el portero, antes de marcar desde cerquísima. Si alguien no lo conocía, aquí está: no se ve muy bien, pero sí lo suficiente.

Eso sí, no estamos de acuerdo con Maradona, o el Maradona de 2003. Empezando por contexto, marco y rival, como su cabalgada ante los ingleses no existe nada, ni creemos que exista nunca más.

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Lejos del hogar también es el ‘10’

La inmensa mayoría de los equipos celebran más goles arropados por su público que silbados en campo contrario, y eso normalmente se nota en las cifras de sus mejores goleadores. En esto, Maradona no es una excepción.

En el conjunto de su carrera de clubes marcó en 310 ocasiones, repartidas así: 185 en los partidos de casa (prácticamente el 60% de los tantos) y 125 como visitante. Sin embargo, las cifras denotan que el desequilibrio goleador anfitrión/visitante no es tan acusado como en otros jugadores, con cuatro de cada diez de sus tantos logrados lejos del hogar. Otra prueba de que nunca se achicó.

En algunos períodos, como el de Argentinos Juniors y sobre todo en el Barcelona, incluso se registra cierta tendencia a la paridad goleadora. El reparto es así: Argentinos Juniors (62 goles como local y 54 como visitante); Boca Juniors (23/12); Barcelona (21/17); Napoli (74/41); Sevilla (5/1).

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