(1987) Con la cabeza –y la mano…- a ras de hierba

Recién ejecutado el remate. Foto: ilnapolista.it.

Aquella tarde de domingo del 1 de marzo de 1987, el Napoli de Maradona arribaba a la estación número 20 de aquella edición de la Serie A que se proponía conquistar por primera vez en su historia. Tras ese duelo en San Paolo ante la Sampdoria de Génova restaría exactamente el último tercio del campionato.

En aquella época de dos puntos por victoria, los sureños lideraban la pugna por el Scudetto con 4 puntos de ventaja sobre el Inter, primero de los perseguidores, y los ligures, ya dirigidos por Vujadin Boskov, se hallaban en tierra de nadie. ¡Seguir sumando, única obsesión!

El choque no fue el mejor del año, los celestes controlaban el balón pero los sampdorianos eran más peligrosos a la contra, y de hecho se adelantaron a la media hora con gol de de Lorenzo. Sin embargo, pronto uno de los más extravagantes goles del ‘D10s’ de Nápoles y del fútbol significaría el 1-1 con el que terminaría el choque.

Minuto 37 del primer tiempo: cabalgada por la izquierda y centro al área del líbero napolitano Renica, un balón que busca a Maradona, que había dejado atrás a un defensa con un gran cambio de ritmo. El caso es que el argentino falla en el cálculo: con el cuerpo acomodado para cabecear en plancha, se encuentra con que el balón no viene con tanta altura como le parecía, y ya va cayendo…

Desde el sofá se aprecia que lo natural habría sido rematar con el pie pero, con el gesto de cabecear ya iniciado, es demasiado tarde para que el ‘Pelusa’ cambie la trayectoria de su cuerpo, guiado por la inercia. Así que Diego continúa con su proyectado testarazo, y termina conectando un certero remate con la cabeza prácticamente a ras de césped. Rete! Aquí, el vídeo de la RAI:

Un gol todo genialidad y confusión.

El as lo celebra con furia, así como el público, que no tiene muy claro qué ha pasado, pero sí que ha sido muy raro y, sobre todo, que ha sido gol. Se trata de la versión más extrema del remate en plancha, lo que en italiano se dice remate in tuffo, o sea ‘de zambullida’. Algunos lo recuerdan como ‘el día que Maradona se bebió la hierba’.

Pero, además, el supuesto cabezazo tenía truco. Años después, como por ejemplo explica el libro de historia del equipo titulado 1001 storie e curiosità sul grande Napoli che  dovresti conoscere, de Giampaolo Materazzo y Dario Sarnataro, el propio protagonista revelará lo que nadie (ni los cámaras de televisión) captó en medio de la confusión y el  intento de despeje de Pellegrini: que se trató de otro gol con la mano… En el vídeo es imposible de apreciar pero, si lo dijo ‘Él’…

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El equilibrio goleador del ‘10’

Seguimos analizando los 326 goles maradonianos en torneos de competición oficial. Y encontramos aquí un fascinante pero significativo equilibrio, casi perfecto: prácticamente la mitad de ellos (162) los consiguió a pelota detenida, y la otra mitad casi exacta (164) con el balón en juego.

De esos 162 tantos a balón parado, 86 vinieron de penalti y 59 de tiro libre, unos y otros siempre con la zurda mágica. Sí, faltan 17: metemos aquí las jugadas de estrategia terminadas en tanto del ‘Pelusa’ tras saque de córner o de falta ejecutado por otro compañero…

Destaquemos además que, de esos 17, nada menos que 13 fueron cabezazos certeros. Los envió a gol un hombre de 1,65 metros, y con la defensa contraria colocada, un mérito enorme. En estas acciones, la altura no lo es todo; hay resquicios para que los más listos intuyan antes que los demás dónde y cuándo caerá el esférico.

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¡Triplete maradoniano contra la Lazio!

La cámara de la RAI lo muestra domesticando el cuero.

En aquel fascinante pero cerrojerísimo Calcio de los 80, marcar un solo gol otorgaba posibilidades inauditas de vencer. En la temporada 84-85, la primera del ‘Pelusa’ en el Napoli, solo hubo dos tripletes en 240 partidos. ¡Dos! Uno lo conseguiría el anónimo Di Carlo (Roma) en la antepenúltima jornada, en un 0-5 contra el descendido Cremonese; fueron sus únicos tres goles en la campaña… Y el otro, un tal Maradona en un Napoli-Lazio, tal día como hoy en San Paolo y hace 35 años (24-2-85, 20ª jornada de las 30 de aquella liga italiana).

La Lazio que dirigía el también argentino Juan Carlos Lorenzo marchaba en penúltimo puesto, y el ‘Burro’ (mote del Napoli) iba remontando ya con ciertas esperanzas europeas, tras una fructífera concentración de Año Nuevo. Diego Armando, adaptado a la Serie A, tendía a salirse, pero contra los capitalinos fue un bólido, firmando su primer y único hat-trick en sus siete años a los pies del Vesubio.

Tras un primer tiempo insulso (0-0), el ‘Pibe de Oro’ aplicó el rodillo.

1-0 (m. 58): el crack ronda el área, recoge una errónea cesión de un defensa al portero Orsi, controla con la derecha y fusila con la zurda, desde la frontal del área chica.

(2-0 (m. 78): no lo marcó ‘Él’, sino Filisetti en propia puerta, pero… ¡a centro de Maradona!)

3-0 (m. 84): el astro pugna por una pelota a unos cinco metros de la frontal del área, algo escorado a la izquierda. Logra robar el balón y se inventa desde ahí un forzadísimo y fuerte chut parabólico a la media vuelta, por encima del guardameta. ¡Impresionante!

4-0 (m. 87): la felicidad es completa cuando saca un córner muy cerrado, el portero mete puños pero no puede evitar que se cuele por la escuadra del primer palo. ¡Primer y único gol olímpico maradoniano en partido oficial!

Vídeo, por si los despistados:

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(1989) Temporal humano en Bérgamo

Fotograma de la celebración del gol de Diego, en la RAI.

El estadio Atleti Azzurri d’Italia de Bérgamo, hogar del Atalanta, siempre fue uno de los peores en cuanto ambiente contra el Napoli de Maradona, y aquel 19 de febrero de 1989 no fue una excepción. El ‘Burro’ del sur del país abría con aquel encuentro dominical la segunda vuelta de la Serie A 88-89, en la que el Inter marchaba líder a un ritmo trepidante, seguido de cerca por el mismo Napoli, un poco más asfixiado porque además iba escalando paralelamente en Copa de la UEFA y Coppa Italia.

A los meridionales, vestidos con una bonita equipación de camiseta roja y pantalón blanco, les cayó de todo, desde objetos sólidos (uno de ellos impactó en el jugador napolitano Carannante) hasta los más livianos pero asquerosos escupitajos. La directiva partenopea se queja del “clima de intimidación” que sufren sus jugadores. Y el choque en sí vale poco, es un forcejeo constante concluido en 1-1 con, eso sí, una nueva aparición de ‘Él’.

El ‘Pibe de Oro’ vivía una campaña marcada por las dolencias: ninguna fue tan importante como para hacerle parar durante mucho tiempo, pero se pasó casi todo el curso futbolístico andando, porque correr no podía. Su perseguidor bergamasco, Bonacina, puede con él casi siempre, y apenas contacta con el cuero. Sin embargo, en el minuto 40 centra Crippa desde la derecha y el crack se eleva con fuerza y cruza un perfecto y ortodoxo cabezazo a las mallas. Era el 0-1 parcial, que luego igualarían los lombardos de penalti.

Esa es la gran aparición maradoniana en un choque que también profundiza en una curiosa estadística: con el de esa fecha ya le habían señalado ocho penas máximas en contra en ese campeonato solo mediado, un dato impresionante para uno de los punteros de la liga italiana y no especialmente ‘leñero’. Sin embargo, hay un contra-dato sensacional también: la pena máxima transformada por el conjunto atalantino es la primera que les supone merma de puntos a los chicos del ‘10’.

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Reparto de los 59 tiros libres maradonianos

1-05-88 en San Paolo, delicatessen contra el Milan. Foto: thesefootballtimes.co.

Si lanzar los tiros de falta buscando el gol suele ser tarea reservada para los maestros, ¿cómo calificar a alguien que logró perforar las porterías contrarias 59 veces de esta espectacular manera? Y solo son los goles en choques de competición oficial. El promedio del ‘Pibe de Oro’ es de uno convertido por cada 11 partidos aproximadamente.

Diego Armando repartió sus goles de free kick así, de mayor a menor: 26 con el Napoli, 20 con Argentinos Juniors, 5 con Boca Juniors, otros 5 con el Barcelona, un par con la Selección y otro con el Sevilla. Solo en Newell’s no logró ninguno, pero únicamente sumó 5 encuentros oficiales, la mitad de su cantidad ‘estipulada’ para marcar al menos uno.

¿Los repartimos por competiciones? Vamos allá. 44 llegaron en partidos de campeonatos de Primera División en los tres países donde jugó (25 en su Argentina natal, 16 en la Serie A italiana y 3 en la Liga española); otros 12, en Copas nacionales (10 en la Coppa Italia, 1 en la Copa del Rey española y otro en la extinta Copa de la Liga, también en España); otro más, en la también desaparecida Recopa de Europa, con el Barcelona; 1 en las Eliminatorias premundialistas de 1985, con la Albiceleste; y el que resta, en la Copa América ‘87, también con la Selección.

¿Dobletes de tiro libre en el mismo encuentro? Cuatro, nada menos. Tres de ellos con Argentinos Juniors (años 78, 79 y 80), y el otro con el Napoli (contra el Torino, en la Coppa Italia 87-88).

¿Temporadas más efectivas superando la barrera? La mejor fue la de 1980, aún en Argentinos Juniors, con 9 anotados en Primera División (6 en el Campeonato Metropolitano y 3 en el Campeonato Nacional). Y le sigue de cerca dicha 87-88 en sus años celestes, cuando marcó 8 con el Napoli (5 en Liga y 3 en Copa).

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Gol inverosímil ante la UD Las Palmas

A puntito de consumar; aún parecía asistencia…

El Barça de Maradona disputaba su último partido de casa de la Liga 82-83, ante la Unión Deportiva Las Palmas. Aunque todavía restaría la última jornada, los catalanes ya sabían que, como mucho, serían bronce en el campeonato: la enfermedad de Diego había terminado pesando demasiado. Sin embargo, los azulgranas buscaban rearmarse de moral de cara a las rondas decisivas de los siguientes dos torneos coperos, Copa del Rey y Copa de la Liga (conquistarían ambos).

Enfrente, un rival en la pelea por eludir el descenso, que además compareció automutilado: el entrenador José Manuel León reservó cuatro titulares apercibidos de sanción, quizá dando por descontada la derrota. Lo que seguro que no calculaba nadie es que el Barcelona se impondría por un soberano 7-2, mayor goleada de la campaña igualando a un Zaragoza-Racing que terminó con el mismo marcador. Los propios culés no marcaban tantos goles en Liga desde la 78-79. Aquí los tienen todos:

Exhibición.

Y se salió el ‘10’, por fin a tono tras muchos meses mermado por culpa del virus. Marcó tres de los siete, fue el pasador en otro. Pero el 4-0 del minuto 18, su segundo de la tarde, fue especialmente increíble. En siete segundos, desde que recibe el balón a la derecha del área grande hasta que lo materializa, pasan muchísimas cosas.

Diego controla, encara y se pasa la pelota de pie a pie para escapar de su marcador; le sale al paso otro defensa, y también lo gambetea. Entra así en diagonal al área chica por una esquina y, cara a cara con el arquero Manolo y atrapado por la línea de fondo, cede la pelota a su compinche Víctor, que está al lado pero con más ángulo. Este ¿remata? fatal, de lo fácil que era, y el balón le vuelve a Maradona, que empuja casi agarrado al poste (en el vídeo anterior, minuto 1:16).

¿Por qué el trío arbitral no pitó fuera de juego? Quizá había demasiada información en tan poco tiempo… Una hazaña así despistó incluso a los hombres de negro.

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Un gol de los que “dejan contenta a la gente”

El Maradona colorado, contra Talleres: ¡un clásico! Fuente: la1913.com.

Corría el año 1980, y aquel 3 de abril de hace 40 años redondos Argentinos Juniors recibía a Talleres de Córdoba en cancha de Atlanta. ¡Talleres!, ese equipo tan especial para Maradona; contra el que debutó en Primera División, contra el que debutaría también con Boca en partido oficial. Y, entre medias, momentos inolvidables como el que recordamos hoy.

El Bicho Colorado venció por 3-2 y se colocó a un punto del liderato de aquel Campeonato Metropolitano que cumplía su 11ª jornada de las 38 totales. Por primera vez en la ‘Era 10’, el buque insignia futbolístico del barrio porteño de La Paternal parecía en condiciones de pelear por el título (terminaría subcampeón).

Y Diego aportó dos goles sublimes. El 1-0 (minuto 5), un golpe franco escorado a la derecha que la divina pierna izquierda alojó en la escuadra opuesta, con la maestría acostumbrada. Pero su belleza quedaría incluso eclipsada por el segundo tanto, el 2-0 del 55: un desparrame maradoniano de esos que marcan un antes y un después, incluido misil sin ángulo.

La descripción sería algo así: el crack se marchó del defensa Oviedo en el área, y el portero Quiroga salió a achicarle el espacio. El ‘10’ respondió con un autopase hacia la línea de fondo, donde recortó de nuevo a Quiroga y le regaló al cuero un zurdazo paralelo a la línea de cal que superó a los zagueros que protegían la puerta. La bola pegó en la cruceta y entró. Aplaudieron hasta los hinchas cordobeses.

Así lo recreó El Gráfico.

“Lo grité tanto porque hacía mucho que no convertía un gol lindo. Últimamente no se me daba”, confesó el ‘Pibe de Oro’ en el pospartido, según recogía Clarín. “Es decir, la metía pero no me quedaba del todo conforme con las jugadas”. El genio miraba pues más allá de la contabilidad: ese tipo de acciones “tienen un sabor distinto: dejan contenta a la gente”. ¡Ello es!

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Derechazo, rebote y tanto de “Dios”

El Maradona 84-85, con la camiseta Cirio. Fuente: LearnEnglishThroughFootball.

“No lo ha hecho Maradona, lo ha hecho Dios”. Sí, son palabras de Diego Armando. Pero no, no se refiere a su famosa Mano contra los ingleses: faltaba más de un año para que se la inventase. En cambio, las dijo en italiano en un anónimo Napoli-Ascoli de su primera temporada en el sur de la ‘Bota’.

Fuera de contexto, como aparece a menudo en documentales sobre el ‘10’, la frase parece una declaración de divina soberbia. Pero el ‘10’ se refería a algo bien distinto.

«Non lo ha fatto Maradona, lo ha fatto Dio».

Situémonos: Serie A 84-85, jornada número 24 de las 30 del campionato. Tras una primera vuelta coqueteando con los puestos de descenso, el Napoli había reaccionado a base de fútbol ‘práctico’ (¿por qué no se le llama así cuando se juega bonito y da resultados?), con los argentinos Maradona y Bertoni inventando arriba.

El llamado ‘Burro’ tenía de pronto opciones de entrar en UEFA, y aquella tarde de hace 35 años (31-3-85) visitaba San Paolo el Ascoli de Boskov, Dirceu y Patrico Hernández, que luchaba por salir del descenso. Pero el partido fue malísimo por los de casa, que solo llegaron con peligro a balón parado. Controlaron el balón los visitantes, que se adelantaron con merecimiento en la segunda parte.

Se mascaba la derrota hasta que el tesón Maradona, Dios y la diosa Fortuna se aliaron con el Napoli en el 84. El ‘Pelusa’ aprovechó un fallo en el despeje de un centro a la corona del área y lo bajó con el pecho, pero se le fue hacia la derecha. Con esfuerzo, acertó a rematar ¡con la diestra!, sin ángulo ni mucha fuerza. Pero la suerte es para quienes la buscan: el esférico rebotó en la rodilla del portero Corti, su trayectoria cambió a parabólica y superó al sorprendido Nicolini, que guardaba la línea de gol (1-1 definitivo). Aquí, los dos tantos del encuentro:

Y tras la ducha, ahí viene su propia explicación a la jugada: el tanto “non lo ha fatto Maradona, lo ha fatto Dio”. De hecho, “hemos jugado un partido horrible”, y el Napoli “no se merece clasificarse para la UEFA”. Así sería…

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Napoli-Juve (1990): despierta la fiera dormida

Fuente: footballmusings.home.blog

La Serie A 89-90 estaba aceleradísima, para que la liga italiana terminara a finales de abril y el país entero se centrara en el Mundial de 1990, que llevaba años preparando. Por eso, aquel Napoli-Juventus celebrado en San Paolo hoy hace 30 años suponía ya la jornada número 30 de las 34 del campionato, y con los sureños peleando por el segundo Scudetto de su historia.

Maradona, recordemos, llevaba hasta ahí un curso de claroscuros. A principios de campaña, declarado en rebeldía para que lo traspasaran (no tuvo éxito), retornó de las vacaciones un mes más tarde de lo debido, pasado de kilos y cuando la competición liguera había consumido sus cuatro primeros peldaños. Precisamente con el reto máximo de fondo (tratar de revalidad en Italia ’90 la corona de México ’86), le prometió al nuevo y dialogante técnico Albertino Bigon que se pondría en forma.

Bien, no había sido tan así. Aunque siempre se las arreglaba para marcar el gol decisivo o enviar la asistencia perfecta, la campaña de Diego Armando había sido un carrusel de altibajos, con aparentes mejorías transitorias y súbitos desplomes y dimisiones de los entrenamientos. En el último tramo pareció disciplinarse e ir mejorando definitivamente, pero poco a poco.

Así que incluso sorprendió la auténtica exhibición de fútbol que regaló a los hinchas partenopeos aquel domingo primaveral contra el archienemigo. La Juve se presentó en la capital del sur aún con remotas opciones de título, al que realmente aspiraban el Milan y los napolitanos. Pero los turineses no tuvieron nada que hacer ante un ‘10’ desatado como hacía cerca de un par de años que no se veía (en el vídeo, sus intervenciones):

Grazie, R9godmagic!

El genio argentino firmó dos bellos goles, los dos primeros del 3-1 final. Uno tras recibir en el punto de penalti de espaldas al arco: controló con la diestra y ajustició a Tacconi a la media vuelta, raso y cruzado con la zurda. El otro, en un tiro de falta lejano y centrado, que entró pegado al poste y por bajo, pese a la vehemente colocación de barrera del arquero bianconero.

Pero no solo fue eso. Físicamente pareció otro, enchufado y brioso a lo México ‘86. No dejó de atacar, desbordar, pensar, correr, asistir, regatear… y los rivales solo pudieron sujetarlo a base de agarrones. Relevado por Mauro a seis minutos del final, la ovación que le dedicó San Paolo entero fue de órdago.

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Diego unifica aplausos (Vélez-Argentinos, 1979)

De colorado y contra la ‘V’. Fuente: Goal.com.

Amanecía la temporada argentina de 1979, la de la consagración de Dieguito como máxima figura sudamericana, a pesar de no figurar en una escuadra de campanillas. No son pocos quienes opinan que, individualmente, nunca brilló tanto individualmente en una campaña completa a lo largo de su carrera, por encima incluso del 1981 ‘xeneize’ o de la gloria napolitana.

Sin embargo, eso era el final. Aquel Argentinos Juniors que dirigía el brasileño Delém no había iniciado bien el Campeonato Metropolitano de 1979. Arrancó con valioso empate en cancha de Unión de Santa Fe, pero venía de sucumbir en La Paternal por nada menos que 1-5 contra Racing de Avellaneda. Un resultado exagerado por lo visto sobre el césped, pero escandaloso: ¡la peor derrota casera del ‘10’ en sus 21 años en el fútbol!

Por eso, ciertas urgencias asomaban en la 3ª jornada del Metro. Tal día como hoy hace 41 años, tocaba visita a El Fortín de Vélez Sarsfield, que tampoco iba bien en ese momento: colista del Grupo A junto al Bicho Colorado. Era la primera de las cinco veces que terminarían enfrentándose ambas escuadras en aquella campaña.

Por eso resalta más aún que todo el estadio José Amalfitani se rindiera a la exhibición maradoniana, aplaudida incluso por la dominante afición de la ‘V’. El ‘Pelusa’ no solo marcó dos goles que llevaron a su equipo a la victoria por 1-3 (el segundo, directamente antológico), sino que ofreció múltiples trucos mágicos y provocó la expulsión de su marcador. El ‘10’ unificó en aplausos a hinchas propios y rivales, como lograría varias veces más en su carrera.

Los dos tantos dieguiles:

0-1 (m. 32): el dios colorado observa al arquero Falcioni algo adelantado y larga un remate desde 30 metros de distancia, con efecto, que el portero llega a tocar pero termina en las mallas.

1-2 (m. 46): el crack se marcha de cuatro rivales en 10 metros de terreno y, ante el meta Falcioni, amaga con tirársela a la derecha y se la clava por alto por la izquierda. Según el cronista de Clarín, es un gol “digno de pasar a integrar la historia mundial del fútbol exquisito”. Pues eso.

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