Cojo y todo, el ‘10’ resuelve contra el Bayern

Saludo de capitanes con el muniqués Augenthaler.

Semifinales de la Copa de la UEFA 88-89, partido de ida en San Paolo. Dos monstruos se miden en el coliseo del sur de Italia: el Napoli, recién llegado a la elite continental, y el Bayern de Múnich, uno de los monstruos eternos. Para los celestes juega Maradona, sí, pero… ¡no en las mejores condiciones!

El ‘Pibe de Oro’ atravesaba la temporada con más partidos oficiales de su trayectoria (totalizaría 56) pero, a la par, la más marcada por las dolencias. Fueron muchas; ninguna fue tan grave como para apartarlo de la carrera, pero se pasó la mayor parte de la campaña andando, sin poder entrenarse apenas.

Y la peor lesión 88-89 le había sobrevenido apenas tres semanas antes, durante el anterior partido de Copa de la UEFA: la vuelta de cuartos, donde el Napoli tumbó a su compatriota la Juventus (3-0 tras prórroga). Afectado en el bíceps femoral de la pierna derecha, Diego Armando ni siquiera pudo terminar el tiempo extra. Y, desde entonces, se había saltado dos jornadas ligueras y no había podido casi ni entrenarse.

San Paolo en el duelo contra la Juve. Fuente: MotherSoccer.

Por tanto, no parecía el mejor escenario para recibir a un grande de Europa, posiblemente el favorito de la competición. La plantilla bávara carecía entonces del glamour de los 70, pero seguía repleta de internacionales, e iba lanzada a por la Bundesliga… y a por el doblete.

Pero, ¡bien le vino al ‘Burro’ tener a ‘D10s’, aunque fuera rengo! Aquel triunfo es atribuible básicamente a él, en uno de los partidos de premio máximo para mérito mínimo. El poco picante del encuentro lo ponen los alemanes, dueños del esférico y de los intentos ofensivos durante la mayor parte de contienda. Con poco peligro, eso sí.

Solo hubo dos excepciones, propiciadas por el ‘10’, que arriesgó (y se infiltró) para estar. En el minuto 40, aprovechando un bote del esférico, Maradona eleva un balón en dirección a Careca; el pase no es brillante, pero un teutón falla en el despeje y el brasileño ajusticia por bajo al meta Aumann (1-0). Y en el 59, el ‘Pelusa’ saca un córner en corto que le devuelve Francini y centra muy alto y con mucha rosca, para que Carnevale remate picado en poderosísimo testarazo (2-0). ¡Vídeo!:

¡2-0, ver para creer! Todavía quedaba pasar por Múnich, pero el Robin Hood del Vesubio volvería a estar allí.

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“¡Corre, Carnevale!”: para el genio no hay distancias

San Paolo acogía los últimos minutos del Napoli-Roma de aquella Serie A 87-88. Un torneo que, hasta este partido (21ª jornada de las 30 de la liga italiana), parecía que iba a ser una pasarela hacia el segundo Scudetto napolitano. Los acontecimientos demostrarían que no. Pero el ‘Burro’ llegó a ese encuentro con 5 puntos de ventaja sobre el segundo, el Milan de Sacchi, cuando las victorias aún daban solo dos.

Tampoco se puede considerar sorprendente que la Roma, tercera de la tabla liguera, fuera capaz de ganar en Nápoles, pero se trató de la primera derrota partenopea en casa en dos últimas campañas. Y el 1-2 final fue injustísimo, producto de mucha contención y aislados contragolpes romanistas, ante un líder que generó más pero acertó menos.

El prometedor Giannini adelantó a los visitantes a los 20 minutos, y a los 70 Oddi estableció el 0-2. Careca, soberbio aprovechando un fenomenal servicio en largo de Maradona, acercó a los suyos en el minuto 80. Y, durante el asedio final en busca de las tablas, sucedió este momentazo que rescatamos hoy, 32 años después de producirse.

Maradona avanza con el balón cerca de la banda derecha y sin marca, pero a kilómetros de la puerta contraria. Ya cerca de la divisoria, se detiene un momento a otear y hace un gesto inequívoco con el brazo: “¡corre, que te va!”. Es para Carnevale, delantero que merodea el área allá lejos, rodeado de rivales.

Y entonces, con una fascinante mezcla de dulzura y potencia, la zurda de ‘D10s’ actúa de nuevo, un zambombazo perfectamente teledirigido desde decenas de metros de distancia. La bola sobrevuela a todo el mundo y le cae al compañero justo al pie, al borde del cuadrilátero, entre el pavor de los defensas (vídeo: 4:34).

¡El hecho de que al ariete se le escape el control… no resta importancia al pase divino!

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‘Delicatessen’ maradoniana sobre el hielo de Udine

Si observamos las imágenes de aquel Udinese-Napoli del primer día de febrero de 1987, veremos el sol brillar. Pero era un toque de maquillaje meteorológico: allí en Udine, arriba y a la derecha del mapa italiano, hacía una tarde dominical gélida, con lógicas consecuencias sobre el césped, que estaba congelado. La pista nos la da el cinturón blanco que rodeaba al terreno de juego: ¡la nieve que poco antes sepultaba el pasto!

No eran, de nuevo, las mejores condiciones para que ‘D10s’ también reluciera. Porque además, su tobillo izquierdo de museo seguía algo maltrecho. Tuvo que dejar el anterior Napoli-Brescia (dos semanas antes) en el minuto 62, por culpa de lo que le dolía tal articulación. Y después, no faltó a su compromiso para jugar un partido benéfico de Unicef en Japón. En el estadio Friuli actuó como delantero centro, en un intento del entrenador Bianchi de no forzarle.

Pero la rompió, una vez más. Entró poco en juego, pero cuando pudo tocar cuero dio una clase magistral de regates y cambios de juegos descomunales, aliñada con un par de goles. El primero más protocolario, de ‘penal’ engañando al portero Abate como solo él sabía. Y el segundo, un golazo de los que no lo parecen tanto.

Corría el minuto 42, ya con el 0-1 antes descrito. En una buena combinación partenopea, el pelotero Romano profundiza en diagonal para el ‘Pibe de Oro’, inteligentemente desmarcado. Con el primer control orientado, el ‘10’ entra al área, perseguido de muy cerca por un zaguero.

El meta Abate sale de su puerta y se tira a sus pies, pero el crack cruza la pelota picándola con una clase insolente, elevándola apenas un centímetro sobre la pierna extendida del arquero. ¡Magnífico! 0-3 fue el resultado final. Aún quedaba mucha Serie A, pero el ‘Burro’ encabezaba la carrera e iba sacando cuerpos.

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Decir amigo: Ferrara, 181 partidos con el ’10’

El abrazo de la final de la Copa de la UEFA ’89, cuando Ferrara marcó. Fuente: thesefootballtimes.co.

Amigo es una de las palabras más sagradas que existen, y esto dijo Maradona en sus memorias Yo soy el Diego, hablando del gran Ciro Ferrara: es “el mejor amigo que me dejó Nápoles”.

Con él compartió triunfos imborrables, como los Scudettos 86-87 y 89-90 (aún hoy, los únicos de la entidad), o la Copa de la UEFA 88-89 (lo mismo). A él es uno de los primeros a los que llamaba el club cuando Diego se rebelaba en sus últimas y convulsas temporadas al pie del Vesubio. Y en 2005, 14 años después de su positivo y adiós a Italia, Maradona retornó por primera vez a la capital de Campania… ¡para asistir al partido-homenaje a Ferrara!

Pero además, el correoso defensa campano posee un récord que nadie le podrá quitar nunca: es el jugador que más veces ha compartido césped como compañero de Diego Armando Maradona. Contando solo los partidos de competición oficial, argentino e italiano coincidieron en nada menos que 181 de los 259 encuentros disputados por el ‘Pibe de Oro’ en el ‘Burro’ (así se conoce popularmente al Napoli).

Evidentemente, esas siete campañas napolitanas pesan mucho en este ranking de los compañeros más habituales del ‘10’, pues los ocho primeros vistieron la camiseta celeste. Estas son las primeras posiciones, con el primer argentino en 9ª posición, y el primer no italiano en 8ª:

1.- Ciro Ferrara (Italia/Napoli), 181 partidos junto a Maradona.

2.- Fernando de Napoli (Italia/Napoli), 168.

3.- Alessandro Renica (Italia/Napoli), (Italia/Napoli), 163.

4.- Moreno Ferrario (Italia/Napoli),133.

5.- Andrea Carnevale (Italia/Napoli), 130.

6.- Salvatore Bagni (Italia/Napoli), 127.

7.- Giovanni Francini (Italia/Napoli), 124.

8.- António de Oliveira Filho ‘Careca’ (Brasil/Napoli), 121.

9.- Carlos Carrizo (Argentina/Argentinos Juniors), 109.

10.- Humberto Minutti (Argentina/Argentinos Juniors), 103.

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24 de enero, día de Maradona en Japón

Foto: Masahide Tomikoshi/TOMIKOSHI PHOTOGRAPHY.

La Tierra se ha hecho más abarcable con el avance de los medios de transporte, pero en los años 80 aún no lo era tanto. Japón estaba muy lejos todavía, incluso mentalmente, y más aún futbolísticamente. Sin embargo, desde el show del ‘10’ en el Mundial Juvenil nipón de 1979, los aficionados japoneses siempre sintieron devoción por Maradona, que jugó varios amistosos allí en los siguientes años. Curiosamente, dos de ellos tal día como hoy, los días 24 de enero de 1982 y 1987.

La loca gira asiático-americana de Boca Juniors 81-82 contó aún con Diego Armando, que se tiró desde mediados de diciembre de 1981 hasta finales de enero de 1982 disputando amistosos por dos continentes . Había que ganar plata paseando y exprimiendo al crack, por ejemplo para intentar retenerle en la Ribera. En esto último no hubo éxito: a continuación Maradona enlazaría con la superconcentración de la Albiceleste de cara al Mundial ’82 y, tras la Copa del Mundo, ya jugaría para el Barcelona; no volvería a ‘La mitad más uno’ hasta 1995.

En ese viaje interminable, que también llevó a los ‘xeneizes’ a rotar por países tan dispares como Ecuador, Perú, Malasia, Guatemala, México o Estados Unidos, Diego Armando y sus compañeros boquenses jugaron tres encuentros en el país del sol naciente, entre los días 16 y 24 de enero de 1982: dos contra la Selección de Japón ‘A’, ambas en el estadio Olímpico de Tokio, y otra contra el combinado ‘B’, en Kobe. El último amistoso sucedió el 24 de enero de 1982 frente a la ‘A’, con resultado de 0-1 para los argentinos, obra de un ‘10’ que volvió a deleitar.

Con los jóvenes fans nipones. Foto: Masahide Tomikoshi/TOMIKOSHI PHOTOGRAPHY

Quiso la casualidad que, exactamente un lustro más tarde, el ‘Pibe de Oro’, ya consagrado en México ’86, pisara el mismo escenario, pero en un contexto muy distinto. Se trató de un partido benéfico de Unicef, que de nuevo enfrentó al equipo nacional japonés y a un combinado de América Latina. Los foráneos se impusieron por 0-1, y Maradona provocó el tembleque napolitano al jugar 84 minutos, o sea casi todo el compromiso. ¿Por qué?

Aquel segundo 24 de enero era sábado, y había parón en la Serie A italiana. El Napoli capitaneado por Diego Armando estaba en mitad de su primera temporada gloriosa, la que conduciría al Scudetto 86-87. No obstante, en su último partido antes del benéfico, un duelo contra el Brescia (2-1), Maradona solo pudo disputar 62 minutos, hachado varias veces, entre otros por Chiodini. Tanto le dolió que le tuvieron que sacar en volandas del campo, entre el médico y el masajista.

El club le prohibió viajar a Tokio, ¡la prioridad era descansar y recuperarse, el Napoli estaba ante la oportunidad de su vida! Pero, lo decimos una vez más, el ‘10’ nunca toleró bien las órdenes

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El ‘Pelusa’ navega entre los charcos genoveses

¿Quién dijo miedo al barro? ‘Jueguito’ inaugural.

Italia puede sonar a soleado Mediterráneo, pero eso es simplificar mucho. Por ejemplo en la norteña Génova, situada a la orilla del Mare Nostrum, puedes encontrarte un tiempo muy desagradable en invierno. Y eso le sucedió al Napoli de Maradona aquel 17 de enero de 1988, cuando le tocó visitar a la Sampdoria en un estadio Marassi ahogado por la lluvia, cada vez más fuerte a lo largo de los 90 minutos.

El terreno de juego, parcialmente encharcado, empezó en tierra blanda y terminó en chocolate. El árbitro Lanese podía haber suspendido el choque, pero decidió que no, y el encuentro se convirtió en un desafío de equilibristas tratando de mantenerse en pie, con los jugadores cada vez más ‘armonizados’ cromáticamente hablando: todos de color marrón

La batalla de Marassi.

Es decir, un panorama medio esperpéntico. Mucha pelea, mucha casta, absolutamente ningún fútbol trenzado (no se podía), pocas oportunidades de gol, cierta superioridad local… y victoria sureña gracias al menos esperable en este ecosistema. El menos esperable si no lo conociéramos: Diego Armando Maradona, autor del único gol, a los 87 minutos

Casi cada vez que el ‘Pibe de Oro’ se encuentra con el balón, repite la misma operación: toquecitos de prestidigitador para elevarlo y abrirlo a un compañero o centrar al área a lo que salga, casi siempre sin resultados apreciables. Pero nunca conviene dejarle un resquicio.

A tres minutos del final del tiempo reglamentario, De Napoli sacó una falta a la olla desde el centro del campo, despejó la zaga sampdoriana y la bola le cayó al ‘10’. Sin pensárselo mucho, el zurdo disparó un punterazo desde la corona del área que le salió fuerte y muy al centro. Otro día probablemente no habría entrado, pero el esférico estaba como embadurnado en grasa: parece que el portero Bistazzoni se tiró antes de tiempo, como esperando un disparo más esquinado, y no acertó a despejar cuando metió la otra mano atrás.

Punterazo desde la corona, la única forma.

El ‘Pibe de Oro’ da una voltereta de festejo y se revuelca en los charcos que tanto le habían fastidiado. Como dijo al final, no se podía jugar en un campo así. Pero ganar… sí.

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Guantes al cielo en Florencia

Así lo recogieron las cámaras de la RAI.

Una ola de frío polar sacudía Europa tal día como hoy en 1985, cuando el necesitado Napoli 84-85 visitó la bella Florencia para cerrar la primera vuelta de la Serie A de aquella campaña, la primera del ‘Pibe de Oro’ en Italia.

Ninguno de los equipos estaba respondiendo a las expectativas: los partenopeos tenían al mejor, pero habían descubierto que con eso no bastaba, y acababan de dejar el puntaje de puestos de descenso (pero seguían abajo, claro). Y los morados de la Fiorentina, a media tabla, habían fichado a Sócrates, demasiado brasileño para el catenaccio.

El entrenador napolitano Rino Marchesi había estado al borde de la destitución, pero en el primer choque de 1985 sus muchachos ganaron 4-3 en el vibrante duelo contra el Udinese, disputado en un San Paolo hecho un verdadero pantano. En el Comunale de Florencia esperaba otra cosa, tampoco fácil: nieve detrás de las porterías y terreno de juego parcialmente congelado, que se fue convirtiendo en un extraño y duro barrizal por la acción de los 22 pares de botas.

El Napoli vistió por primera vez en la era Maradona una segunda equipación que se haría mítica: camiseta blanca y pantalón azul más oscuro de lo habitual en el uniforme titular. Bien que luciría el ‘10’ los nuevos colores en la sentida celebración de su gol, el único del choque: fue apoteósica, pues sabía de su importancia en el contexto del encuentro y del campeonato. Su rabiosa y exultante carrera de festejo, sus puños enguantados al cielo mientras esperaba a los compañeros de rodillas, lo dicen todo.

Iniciando celebración tras el latigazo.

Los jugadores lucharon sobre todo por mantenerse en pie en este extraño encuentro marcado por las condiciones del campo. Pero en el minuto 49, el dardo: Bertoni envía en largo para el ‘10’, que la baja con el pecho en la corona del área, se interna un poco en el cuadrilátero –algo escorado- y, nada más botar el cuero en el suelo, lanza un venenoso zurdazo al palo contrario, que supera la línea gracias también al pequeño resbalón del meta Galli.

Victoria a domicilio, la primera de la temporada. Desde aquí, el Napoli de este y los próximos años no haría otra cosa que crecer. Había sido el primer peldaño de la escalera hacia el cielo.

¡Dentro vídeo!

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Siete coronas de pistolero

Meteórica época de Argentinos Juniors. Foto: thesefootballtimes.co.

A tope, Diego Armando Maradona valía por dos (o más). Sobre todo en la primera mitad de su carrera, no solo generaba la mayor parte de caudal de juego de sus equipos, sino que también resolvía de cara a puerta. Cuando la chispa física le acompañó (esa aceleración incontrolable de sus mejores días), fue también uno de los mejores goleadores de su época.

Por todo esto, un hombre encargado más que nada de crear se las arregló para acumular siete coronas de pistolero mayor de otros tantos campeonatos oficiales.

Particularmente increíble en este aspecto fue su tramo de Argentinos Juniors entre 1978 y 1980. En esa época, la Primera División argentina incluía dos campeonatos consecutivos y sin relación, Metropolitano y Nacional. Y el ‘Pibe de Fiorito’ resultó máximo goleador de todos menos uno.

De esta manera, encabezó la tabla de cañoneros en los Metropolitanos de 1978 (22 dianas), 1979 (14) y 1980 (25), así como de los Nacionales de 1979 (12, empatado con Sergio Fortunato) y 1980 (18). Y el único torneo donde no fue el primero (Nacional ’78)… ¡solo pudo disputar cuatro partidos!, debido a sus compromisos con la Selección Juvenil…

Los otros dos títulos fueron de capocannoniere, porque los logró en su mejor campaña en el Napoli, al menos en lo individual: la 87-88. Resultó máximo goleador tanto de la racanísima Serie A italiana de la época (15 tantos en 28 encuentros) como de la Coppa Italia (6).

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Primer mano a mano con la bestia ‘bianconera’

Maradona&Platini. Foto: superdeportivo.elonce.com

Aún en 1984, desde el nacimiento de la Serie A italiana (1929-30), la Juventus de Turín sumaba casi el doble de Scudettos (19) que su más inmediato perseguidor, el Inter (10). Ya por entonces era el rival a batir en la ‘Bota’, y era particularmente detestada en aquel Nápoles que acababa de fichar al mejor del mundo, precisamente con vistas a derrocarla.

Todavía era pronto. Aquel 23 de diciembre de 1984, hoy hace 35 años, el Napoli aún estaba comprendiendo que con el genio no bastaba: sufría para alejarse del pozo (12º de una tabla de 16 equipos, un punto por encima del descenso). Y la Juventus, vigente campeona de la liga, marchaba descolgada del líder, el Verona, pero tenía su mirada puesta en conquistar por fin la Copa de Europa.

Era en cualquier caso un bonito duelo de vísperas de Nochebuena para cerrar el año futbolístico 1984, cerca del final de la primera vuelta. El gran atractivo era el duelo entre los dos ‘10’ del mundo: nuestro Diego y el galo Platini, a punto de recibir su segundo Balón de Oro seguido. Pero el argentino no tuvo ni oportunidad: el esférico viajó de juventino a juventino, prácticamente no pudo hacer nada y su equipo cayó justamente por 2-0.

Pero no siempre sería así, ni mucho menos. Era solo la primera de las 15 veces que Maradona se mediría a la Juventus en partido oficial, con cinco goles del ‘Pibe de Fiorito’, incluido el mejor tiro libre nunca visto. Y colectivamente, le iría muy bien: ocho triunfos para el Napoli, tres empates y cuatro derrotas.

Las victorias incluyen vapuleos memorables, un par de elloss en el mismísimo feudo turinés (1-3 en la 86-87 del primer Scudetto, 3-5 en la 88-89); o la del último título italiano, el 5-1 de la Supercoppa 90-91 en San Paolo. Pero, sobre todo, Maradona significó la diferencia para que el conjunto sureño creyera que era verdad, que el monstruo podía ser decapitado. Ahí están para siempre los Scudettos partenopeos 86-87 y 89-90.

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Dos penaltis son dos goles (con ‘Él’)

El día de los tres ‘penales’ coincidieron como titulares Maradona, Careca y Zola, una rareza. Foto: thesefootballtimes.co.

Maradona fue un gran maestro también como lanzador de penaltis: 90 convertidos en 109 lanzamientos en partidos oficiales (tandas de desempate incluidas). Casi siempre los transformaba con su estilo pausado y suave, como manejando un joystick capaz de enviar al portero hacia un lado y el balón hacia el otro.

Pero además, en seis de sus partidos, el ‘10’ hizo doblete goleador desde los once metros. Es más: siempre que tiró dos penaltis en el mismo choque, marcó ambos. Jamás llegó a lanzar tres o más en el mismo encuentro.

Dichos dobletes se repartieron así, ordenados cronológicamente : uno con Argentinos Juniors (1978, ante Huracán); otro en su debut oficial en Boca Juniors (1981, contra Talleres); el tercero con el Barça (1984, frente a Osasuna); y los otros tres con el Napoli: también en 1984 (contra Udinese), en 1990 (contra la Roma) y en 1991 (contra el Parma).

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Ese último partido, disputado el 10 de febrero de 1991, pudo haber sido histórico en el sentido que estamos analizando. Porque en aquel Napoli-Parma (4-2) de los últimos estertores maradonianos en el Calcio sí se pitaron tres penas máximas a favor del equipo del ‘Pelusa’, algo que nunca había vivido ni viviría más.

Sin embargo, ya con 3-1 favorable en el marcador, el ‘10’ cedió el tercer ‘penal’ a su compinche Careca. El brasileño (como el equipo) no vivía una buena época, necesitaba marcar y había coprotagonizado junto a Diego el jugadón que terminó en mano dentro del área de un defensa. También fue gol… ¡pero del amigo!



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