El ‘Pelusa’ y sus penales

Fuente: hoy.com.py.

¿Te imaginas la soledad del lanzador de penaltis? Soledad acompañada del escrutinio de miles de ojos, dispuestos al júbilo o la depresión. 11 metros de distancia, 7,32×2,44 metros de superficie de diana, y un único obstáculo llamado portero. Solo en la tele parece fácil.

Maradona fue uno de los grandes especialistas de su época en enfrentarse a ese reto peculiar y complicado. En el conjunto de su carrera, lanzó 109 penaltis en 633 partidos de competición oficial, incluidas las tandas de desempate, y convirtió 90. Eso da un 82,6% de efectividad, altísima para alguien que disparó tanto desde el punto fatídico. En seis ocasiones hizo doblete desde los once metros.

En este aspecto, de las 17 temporadas futbolísticas en que Diego tomo parte como profesional, la 90-91 es sorprendente. En general se trató de una de las peores campañas de su vida (séptima y última en el Napoli), lejos de su mejor nivel y clamando por un traspaso fuera de Italia; terminó con su primer y sonado positivo, por cocaína. Pero, desde el punto de castigo, logró su mejor marca: ocho tirados, ocho convertidos.

Venía el ‘10’ de lanzar 12 (tope de intentos en su vida) a lo largo del anterior y mucho más brillante curso 98-90 (Scudetto con el Napoli y subcampeonato planetario con la Selección). Pero se quedó en un 75%: nueve dentro y tres fuera. ¿La campaña en que peor se le dio?, no hace falta pensar mucho tiempo: la 95-96 de vuelta a Boca, marcada por la ‘maldición de los cinco penales’. Ocho lanzamientos, solo tres dentro.

Hablando de las tandas, Diego Armando participó en siete desempates de eliminatoria desde el punto de penalti, siempre en competición oficial: cuatro con sus clubes y tres con la Albiceleste. En este contexto, metió cuatro disparos y marró tres (57,1% de efectividad, sorprendentemente lejos del 82,6% general).

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Sin embargo, solo uno de sus tres fallos contribuyó a la eliminación de su bando, en la Copa de la UEFA 86-87 contra el Toulouse (cayó el Napoli). En las otras dos ocasiones en que el astro marró, ambas en la campaña 89-90, tuvo enfrente al portero yugoslavo Ivkovic, jugador del Sporting de Portugal, que le detuvo ambos penaltis. En cambio, pasaron los equipos del ‘10’: Napoli y Argentina, en la Copa de la UEFA y el Mundial de Italia ’90, respectivamente.

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Los dos humanos que le pararon dos penaltis al ‘10’

El segundo de Ivkovic, en Italia ’90. Fuente: sinborceguiesnohayfutbol.blogspot.com.

De las 19 penas máximas falladas por Diego Armando en su larga lista de partidos oficiales (por 90 aciertos), cinco fueron a la madera y dos directamente fuera. Pero, en otras 12, hubo un coprotagonista claro: el portero rival. Solo 10 guardametas ostentan el honor de haberle detenido un penalti a su majestad, el ‘Pibe de Oro’. Y, de entre ese ya de por sí selectísimo club, un par de ellos lo consiguieron por partida doble.

¿Quiénes son?

– Uno de ellos fue el croata (por entonces, yugoslavo) Tomislav Ivkovic, de amplia trayectoria en Portugal, que le paró ambos en la misma campaña (89-90) y en sendas tandas de penaltis para desempatar eliminatorias.

Tomislav Ivkovic. Fuente: @facciacalcio.

La primera tanda se dio en un cruce de Copa de la UEFA entre su Sporting lisboeta y el Napoli: se apostó 100 dólares con Maradona antes del lanzamiento (!), y se los ganó… La otra, al final de ese mismo curso, en el Yugoslavia-Argentina de cuartos de final del Mundial de Italia ’90 (foto que encabeza este post).

Para desgracia de Ivkovic, y pese a su proeza, en ambas ocasiones terminó clasificándose el bando del ’10’

– El otro es el malogrado Giuliano Giuliani, fallecido poco después de retirarse por culpa de la plaga del sida.

Giuliano Giuliani. Fuente: storiedicalcio.altervista.org.

Este portiere ganó con el Napoli de Maradona la Copa de la UEFA 88-89 y el Scudetto 89-90. Pero antes, el tranquilo pero solvente Giuliani había defendido la puerta del Hellas Verona, y aguó la fiesta de los once metros al mismísimo ‘D10s’ del fútbol en sendos partidos de la Serie A entre veroneses y napolitanos. Consumó el hito en menos de un año, con una pena máxima atajada en la 86-87 y otra en la 87-88. A Ivkovic le faltaban aún un par de años para igualar su récord.

Sin duda, la gesta contribuyó a que dejara de ser adversario… ¡y pasara a compañero!

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De 16 dentro a 5 fuera

Diego bate a Zenga en Italia ’90: aquí empieza la mejor racha. Foto: www.ilposticipo.it.

109 penaltis lanzados a lo largo de la carrera maradoniana en choques de competición oficial ya dan como para trazar estadísticas significativas. Entre ellas, las rachas mejores y peores que vivió el crack desde los once metros. Lo más extravagante es que el final de la primera significó el pistoletazo de salida de la segunda…

– La mejor: 16 penaltis seguidos dentro. Se inicia cuando el ‘10’ marcó el suyo en la tanda de semifinales del Mundial de Italia 1990, el día que Argentina eliminó al anfitrión en el San Paolo napolitano (Diego había desperdiciado su última pena máxima días antes, en cuartos frente a Yugoslavia). Y termina en la 1ª jornada del Torneo Clausura argentino de 1996, cuando Boca se impuso por 4 a 0 a Gimnasia y Esgrima de Jujuy (8 de marzo de 1996).

Entre un extremo y otro de la serie, el ‘Pibe de Oro’ se mostró infalible ocho veces con el Napoli (entre Serie A, Copa de Europa y Coppa Italia); tres con el Sevilla (Liga española y Copa del Rey); una con la Albiceleste (frente a Dinamarca, en la tanda de desempate de la Copa Artemio Franchi de 1993, su último título oficial); y otras dos con Boca en 1995.

Las otras dos mejores rachas de ‘penales’ convertidos sin mácula son 15 (1983-1986) y 13 (1978-1979).

– La peor: 5 penaltis consecutivos errados. Algo más un mes después del último gol de la impresionante racha de 16, Maradona tuvo ocasión de volver a disparar desde el punto fatídico en la 6ª jornada del citado Torneo Clausura de 1996 (13 de abril de 1996), en el duelo Newell’s-Boca. Su chut pegó en el poste y salió, y sus auriazules cayeron por 1-0.

Recuerdo de una época de pesadilla desde los once metros. Foto: urogol.com.

Hasta entonces, el astro nunca había fallado más de dos penaltis consecutivos. Por eso, nadie podía imaginar que solo era el nacimiento de una de sus grandes pesadillas deportivas: ‘La maldición de los cinco penales’. Pues sí: entre ese 13 de abril y el 7 de agosto, Maradona desperdició otros cuatro lanzamientos en el mismo campeonato, tres de ellos atajados por los arqueros y otro de nuevo a la madera.

En honor a la verdad, directamente ese trauma afectó muy poco a la cosecha boquense de puntos (como mucho supusieron la pérdida de un par en total). Pero los penaltis errados sí contribuyeron a la progresiva depresión individual y colectiva de aquel Boca que no pudo salir campeón. Los dos últimos lanzamientos de su carrera, ambos en 1997, fueron dentro.

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Dos penaltis son dos goles (con ‘Él’)

El día de los tres ‘penales’ coincidieron como titulares Maradona, Careca y Zola, una rareza. Foto: thesefootballtimes.co.

Maradona fue un gran maestro también como lanzador de penaltis: 90 convertidos en 109 lanzamientos en partidos oficiales (tandas de desempate incluidas). Casi siempre los transformaba con su estilo pausado y suave, como manejando un joystick capaz de enviar al portero hacia un lado y el balón hacia el otro.

Pero además, en seis de sus partidos, el ‘10’ hizo doblete goleador desde los once metros. Es más: siempre que tiró dos penaltis en el mismo choque, marcó ambos. Jamás llegó a lanzar tres o más en el mismo encuentro.

Dichos dobletes se repartieron así, ordenados cronológicamente : uno con Argentinos Juniors (1978, ante Huracán); otro en su debut oficial en Boca Juniors (1981, contra Talleres); el tercero con el Barça (1984, frente a Osasuna); y los otros tres con el Napoli: también en 1984 (contra Udinese), en 1990 (contra la Roma) y en 1991 (contra el Parma).

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Ese último partido, disputado el 10 de febrero de 1991, pudo haber sido histórico en el sentido que estamos analizando. Porque en aquel Napoli-Parma (4-2) de los últimos estertores maradonianos en el Calcio sí se pitaron tres penas máximas a favor del equipo del ‘Pelusa’, algo que nunca había vivido ni viviría más.

Sin embargo, ya con 3-1 favorable en el marcador, el ‘10’ cedió el tercer ‘penal’ a su compinche Careca. El brasileño (como el equipo) no vivía una buena época, necesitaba marcar y había coprotagonizado junto a Diego el jugadón que terminó en mano dentro del área de un defensa. También fue gol… ¡pero del amigo!



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Penalti y se acabó

Imagínense la presión, incluso para el mejor del planeta. Un 1 de noviembre como hoy, en 1981, el Monumental del Río de la Plata estaba a reventar para el inigualable y enésimo superclásico River-Boca, por el Campeonato Nacional argentino. Las piernas ya pesan mucho: pasan unos segundos sobre el minuto 90 de un partido disputado en un día porteño de calor y humedad. Pese a que Diego Armando ha marcado de falta, River va 2-1 arriba, y el reloj agoniza.

Entonces, al árbitro Nitti no se deja amedrentar por el volcán y señala  penalti a favor del visitante, cometido por el retornado Kempes sobre Brindisi. Lo clásico: unos casi celebran, otros protestan. Un muchacho de 21 años, de apellido Maradona –el lanzador de Boca, claro-, tiene tiempo de rumiar la trascendencia de su próximo tiro durante casi dos minutos que se hacen eternos, mientras el colegiado echa a todos del área.

Y además, Nitti hace algo no tan común. Primero habla con el portero Fillol, después con el ‘Pibe de Oro’ y, antes de pitar para que el ‘10’ lance, mira al resto y ejecuta un gesto de mímica inequívoca: en cuanto dispare, se acabó el encuentro. Ni un segundo más.

Maradona tiene delante al ‘1’ de la Selección campeona del mundo, uno de los parapenaltis por antonomasia del fútbol argentino, y sabe que caer derrotado o no en tierra hostil depende de su bota izquierda. Pero esa rara vez falla: engaña al arquero y le pega más fuerte de lo normal en él, estableciendo el 2-2 sobre la bocina.

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