Cuatro goles para la eternidad

Cuatro fotogramas de otros tantos goles.

En el álbum dorado de Diego Armando Maradona, el 9 de noviembre es una fecha que centellea entre las que más. Tal día como este, allá por 1980, marcó cuatro goles por primera y última vez en su vida profesional. Y no se los hizo a cualquier equipito, sino a Boca Juniors, gigante del fútbol rioplatense al que se sumaría solo meses después. Y, lo rara vez visto: la todavía afición adversaria aclamó su proeza. ¿Cómo no iba a ir…?

Situémonos. Se disputaba la antepenúltima jornada del Campeonato Nacional ’80, y Argentinos Juniors tenía la suerte de contar aún con el superclase Dieguito, aunque cada vez estaba más claro que no había dinero para seguir reteniendo al figurón durante mucho más. Y el Bicho Colorado escogió el estadio de Vélez Sarsfield –mucho más grande que el suyo- para recibir al coloso auriazul. Un ‘grande’ en horas bajas, pero seguía siendo Boca.

Ambos equipos luchaban por clasificarse para cuartos de final del torneo, con más posibilidades para Argentinos. Por todo esto, la motivación de Maradona y compañía era máxima. Pero había algo más: el factor Gatti.

Hugo Gatti, el veterano, excéntrico y lenguaraz portero boquense, había cometido el error de cabrear al joven ‘Pibe de Oro’. Días antes, en un periódico de provincias, vino a decir que se exageraba con su talento, y que su físico le invitaba a pensar que en unos años sería un “gordito”… Sus palabras fueron repicadas en otro medio de la capital justo en la víspera del choque, y el morbo ya estaba servido. Porque las críticas siempre fueron combustible para el ‘10’…

Así que la venganza fue terrible. Argentinos se impuso por 5-3 en un partido loco, en el que adquirió más ventaja en la segunda parte. Y cuatro de los tantos, esas saetas al parlanchín, fueron obra del ’10’: un penalti, dos tiros de falta, un mano a mano. En resumen:

– El primero, a los 23 minutos (1-1): centra Diego, ¡de rabona!, y la bola pega en la mano de un adversario. Penalti, porque es dentro del área: él mismo transforma la pena máxima con enorme clase y suavidad, engañando totalmente a Gatti.

– El segundo, a los 42 (3-2): una de las grandes genialidades de toda la trayectoria maradoniana. Al crack hacen falta cerca del lateral derecho del área grande, y aprovecha el despiste general para levantarse rápido y chutar desde ahí, con no mucho ángulo. El balón vuela sobre cabezas amigas y adversarias, pega en el palo largo y entra.

– El tercero, a los 48 (4-2): Pasculli le envía por alto un pase perfecto y baja el balón con el pecho, desmarcado en la corona del área. Aprovechando el bote, solo ante Gatti, se la toca con el exterior de la zurda hacia el palo más lejano.

– El cuarto, a los 75 (5-2): brillante pared del ‘10’ con Espíndola, y el fenómeno es cazado por un zaguero en ese complicado límite entre dentro y fuera del área. El árbitro dice que fuera, pero da igual: el ‘Pibe de Oro’ clava la falta por la escuadra…

Al final del choque, los derrotados seguidores de Boca incluso se adelantan a la hinchada de Argentinos en el famoso coro: “Maradoooooo…”. Y el chaval se conmueve: “Me dieron ganas de llorar”.

Epílogo: con este resultado, Argentinos Juniors se clasificó para cuartos, pero allí fue rápidamente eliminado. Era lo lógico: en el cruce no pudo estar su Maradona, concentrado con la Selección.

De hecho, después de su clamoroso póker, Diego solo pudo disputar otros dos encuentros oficiales -y un puñado de amistosos- vestido de colorado. Tras agotadoras negociaciones y mucha plata de por medio, meses después pasó a otra dimensión. El 20 de febrero de 1981 jugó un simbólico amistoso en La Bombonera, nada menos que Boca-Argentinos: el primer tiempo con la camiseta del equipo donde nació y creció, el segundo con la de su inminente amor eterno.

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Cuarto partido, primer triunfo

El Maradona de 1976. Foto: diario La Capital (Mar del Plata).

Mucho se ha hablado del debut de Dieguito en la Liga argentina, contra Talleres de Córdoba: fue el 20 de octubre de 1976, le faltaban 10 días para cumplir los 16 años y realizó un túnel en su primera jugada… El resto de sus primeros partidos de aquella temporada inaugural con Argentinos Juniors se conocen menos, salvo el día en que marcó por primera vez (y al que ya llegaremos). El niño tomó parte en los últimos 11 choques del Campeonato Nacional ‘76, uno de los dos torneos de Primera División que había por entonces en el país.

Rastreando aquella época, encontramos que tal día como hoy, el 7 de noviembre de hace 43 años, fue cuando Maradona logró su primera victoria entre los ‘mayores’. Sucedió a su cuarto partido, tras haber cumplido las expectativas individuales en los tres primeros, pero haber caído derrotado en los todos ellos.

Se cumplía la jornada número 11 de las 18 que incluía la fase de grupos de aquel Nacional. Argentinos Juniors actuaba ante sus hinchas en la vieja cancha de tablas de La Paternal (situada donde hoy está el moderno estadio del equipo, llamado Diego Armando Maradona), y recibió a Huracán de Comodoro Rivadavia, del lejano sur de la Patagonia.

El Bicho Colorado, sobrenombre de Argentinos, se impuso por 2-0, con goles del ariete Carlos ‘Bartolo’ Álvarez. Diego, que vio el primer tiempo sentado en el banco, entró tras el descanso, con 0-0, y contribuyó a un mejor segundo tiempo. De hecho, el segundo tanto de Álvarez fue consecuencia de un centro del ‘Pibe de Fiorito’, en el minuto 86.

En este anónimo encuentro cosechó Maradona su primer triunfo. Lograría otros 315 de 633 encuentros, entre todas las competiciones. El último (foto de abajo) coincidió con el de su despedida como profesional, el 25 de octubre de 1997: ¡jugando para Boca en cancha de River!

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14 partidos seguidos goleando

Normalmente, la función principal del número 10 de cualquier equipo no suele ser la de convertir goles, sino la de posibilitarlos. En Argentina, al mediapunta le llaman “enganche”: el que enlaza a medios y delanteros por la vía del balón. En Italia es un nombre hasta romántico: “fantasista”.

Sí, Maradona será el fantasista por antonomasia, regateador de leyenda y pasador sublime. Pero también marcaba muchos goles: 326 en partidos de competición oficial. Sumó siete títulos de máximo anotador en su trayectoria: cinco en torneos de Primera División en su país (todos con Argentinos Juniors) y otros dos en la temporada 87-88 con el Napoli italiano, cuando fue el capocannoniere tanto de la Serie A como de la Coppa Italia.

Además, en cuanto a rachas de festejos, su récord personal es de nada menos que 14 encuentros oficiales seguidos marcando al menos un gol, repartidas entre dos temporadas diferentes. Se produjo durante su preciosa época en el conjunto colorado, concretamente entre las últimas ocho jornadas del Campeonato Nacional de 1979 (el torneo que entonces cerraba el año futbolístico argentino) y las seis primeras del Campeonato Metropolitano de 1980 (el que lo abría).

En esos 14 choques, celebró 19 dianas. No está mal, para no tratarse de su misión prioritaria…

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Para abrir boca en La Bombonera

Si no has estado allí, te invito a comprobarlo: La Bombonera impone hasta vacía. Una caja apretada y vertical que al equipo visitante no le puede inspirarle nada parecido a su dulce nombre. Cuando hay partido, acongoja hasta desde fuera: cualquier chut ligeramente desviado se traduce en un suspiro colectivo enorme, eléctrico, magnífico. Y no digamos un gol.

En porcentaje, son muy pocos los mortales que han jugado allí. Maradona lo hizo en 40 ocasiones (contando solo encuentros de competición oficial). En las seis primeras aún no era jugador de Boca, sino de Argentinos Juniors. Aunque solo cinco veces fue visitante: en otro de esos encuentros, el Bicho Colorado del barrio de La Paternal usó el templo auriazul como ‘casa’.

Siempre hay una primera vez. Y, si bien Diego Armando ya había pisado el verde del coloso de La Ribera con la Albiceleste, (en un par de amistosos), su verdadera puesta en escena inaugural en el estadio fue otro 2 de noviembre como hoy, el de 1977. Ese de hace 42 años fue un encuentro de Primera División y, por encima de todo, enfrente estaban Boca y su impresionante afición, los dueños.

Digamos que al mozalbete de Argentinos Juniors no se le dio mal: victoria colorada por 1-2 y ambos goles suyos, uno en jugada personal y otro de tiro libre. El pibe acababa de cumplir 17 años, y empezaba a sembrar entre la hinchada de Boca la pasión enfermiza con la que esta le idolatrarían a partir de 1981.

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