(1991) El ‘10’ encarrila una Coppa Italia… que no terminaría

Penúltimo duelo contra la Samp. Fuente: Il Napolista.

El Napoli buscaba concluir con dignidad la convulsa temporada 90-91, sin duda alguna la peor (y a la postre última) de la ‘era Maradona’. Estuvo marcada por los escándalos extradeportivos y la progresiva baja forma de la estrella, y con el vigente campeón situado a media tabla bien avanzada la Serie A. El contrato le vinculaba a la entidad sureña hasta mediados de 1993, pero ya todo el mundo daba por hecho que no seguiría allí en la 91-92.

Eliminado también en la Copa de Europa tras la primera gran polémica dieguil del curso, al ‘Burro’ partenopeo solo le quedaba una oportunidad de tocar metal y recomponer un poco el desaguisado: la Coppa Italia, donde había alcanzado las semifinales.

Aquel martes, 12 de marzo de 1991, los meridionales recibían en San Paolo la visita de la fascinante Sampdoria de Vujadin Boskov –que iba lanzada hacia su primer Scudetto, y ya había maltratado a los celestes-, en la ida de la penúltima ronda del torneo eliminatorio. Debido a que priorizaba el gran título de la regularidad, el técnico balcánico reservó a cuatro titulares; no así el entrenador napolitano Albertino Bigon, que sabía que la Coppa era el clavo ardiendo del equipo.

El caso es que Maradona, casi dimitido de los entrenamientos (y secretamente aquejado de una pierna izquierda que no le dejaba correr), sorprende por todo lo alto, regala su última gran actuación en Italia. Como reza Corriere dello Sport, se muestra “inspirado como nunca” y, sin apenas moverse, reparte fantásticas asistencias que sus compañeros no logran transformar en alegría.

Pero lo más trascendente sucede en un córner del minuto 22, que esta vez no saca él, sino el heredero Zola. El rodeadísimo Diego, ante cuyos 164 centímetros los defensas genoveses parecen enormes, alcanza a cabecear perfectamente a las mallas desde el área chica. El festejo es consecuente: es el 1-0, que sería único tanto del encuentro, y que encarrila la eliminatoria. ¡Gol!:

Hacía meses, una eternidad, que el ‘Pelusa’ no marcaba un gol ‘no de penalti’. Y por otro lado, este testarazo sería el último gol con la cabeza de la carrera de Maradona, que pese a su poco elevada talla se las arregló para marcar con el cráneo nada menos que 23 veces en partidos de competición oficial.

Aún no se conocía que solo le restaban dos partidos con el Napoli, y que ya no estaría en el choque de vuelta (3 de abril), porque en mitad saltó el positivo por cocaína que cerró tan tristemente su aventura napolitana. El descabezado Napoli perdería contra la Samp en la vuelta (2-0) y ahí moriría su Coppa Italia.

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Dos penaltis son dos goles (con ‘Él’)

El día de los tres ‘penales’ coincidieron como titulares Maradona, Careca y Zola, una rareza. Foto: thesefootballtimes.co.

Maradona fue un gran maestro también como lanzador de penaltis: 90 convertidos en 109 lanzamientos en partidos oficiales (tandas de desempate incluidas). Casi siempre los transformaba con su estilo pausado y suave, como manejando un joystick capaz de enviar al portero hacia un lado y el balón hacia el otro.

Pero además, en seis de sus partidos, el ‘10’ hizo doblete goleador desde los once metros. Es más: siempre que tiró dos penaltis en el mismo choque, marcó ambos. Jamás llegó a lanzar tres o más en el mismo encuentro.

Dichos dobletes se repartieron así, ordenados cronológicamente : uno con Argentinos Juniors (1978, ante Huracán); otro en su debut oficial en Boca Juniors (1981, contra Talleres); el tercero con el Barça (1984, frente a Osasuna); y los otros tres con el Napoli: también en 1984 (contra Udinese), en 1990 (contra la Roma) y en 1991 (contra el Parma).

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Ese último partido, disputado el 10 de febrero de 1991, pudo haber sido histórico en el sentido que estamos analizando. Porque en aquel Napoli-Parma (4-2) de los últimos estertores maradonianos en el Calcio sí se pitaron tres penas máximas a favor del equipo del ‘Pelusa’, algo que nunca había vivido ni viviría más.

Sin embargo, ya con 3-1 favorable en el marcador, el ‘10’ cedió el tercer ‘penal’ a su compinche Careca. El brasileño (como el equipo) no vivía una buena época, necesitaba marcar y había coprotagonizado junto a Diego el jugadón que terminó en mano dentro del área de un defensa. También fue gol… ¡pero del amigo!



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