Borroso adiós del hombre que cambió al Napoli

Fotograma de un encuentro triste.

La irrepetible carrera italiana de Diego Armando Maradona terminó hoy hace 29 años. Aquel domingo, el Napoli que llevaba siete temporadas liderando fue barrido por la Sampdoria de Génova, inminente campeón, en su campo de Marassi (4-1). A la semana siguiente saltaría la noticia del doping positivo por cocaína del crack, producto de un control realizado tras el Napoli-Bari de la anterior jornada.

Por tanto, oficialmente no se sabía que era el adiós del ‘10’, pero ya todo pareció deslavazado. Ni siquiera el equipo celeste parecía ser él, ya que vistió una poco habitual equipación de camiseta roja con detalles blancos y pantalón azul. Y en el campo, al ‘Burro’ le cayeron dichos cuatro de los blucerchiati, como en la primera vuelta.

Maradona, bajo de forma casi todo el curso, jugó sin energía ni convicción, quién sabe si callado sabedor de lo que se le venía encima. Para la contabilidad dejó, eso sí, su último tanto como partenopeo, un penalti de poco valor (fue el 3-1) en el que resolvió ante el meta Pagliuca. Esa tarde en realidad marcó tres veces: el mismo penalti en un primer intento, transformado pero que el árbitro mandó repetir; y un tanto tras regatear al portero, invalidado por fuera de juego.

El último disparo certero en Italia.

De esta triste forma terminaba sobre el césped la mayor epopeya jamás contada. Fueron 259 partidos oficiales maradonianos en Nápoles, con 115 goles, miles de jugadas irrepetibles… y el equipo situado en cotas que nunca había visitado, ni ha vuelto a conquistar.

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El ‘10’ encarrila una Coppa Italia… que no terminaría

Penúltimo duelo contra la Samp. Fuente: Il Napolista.

El Napoli buscaba concluir con dignidad la convulsa temporada 90-91, sin duda alguna la peor (y a la postre última) de la ‘era Maradona’. Estuvo marcada por los escándalos extradeportivos y la progresiva baja forma de la estrella, y con el vigente campeón situado a media tabla bien avanzada la Serie A. El contrato le vinculaba a la entidad sureña hasta mediados de 1993, pero ya todo el mundo daba por hecho que no seguiría allí en la 91-92.

Eliminado también en la Copa de Europa tras la primera gran polémica dieguil del curso, al ‘Burro’ partenopeo solo le quedaba una oportunidad de tocar metal y recomponer un poco el desaguisado: la Coppa Italia, donde había alcanzado las semifinales.

Aquel martes, 12 de marzo de 1991, los meridionales recibían en San Paolo la visita de la fascinante Sampdoria de Vujadin Boskov –que iba lanzada hacia su primer Scudetto, y ya había maltratado a los celestes-, en la ida de la penúltima ronda del torneo eliminatorio. Debido a que priorizaba el gran título de la regularidad, el técnico balcánico reservó a cuatro titulares; no así el entrenador napolitano Albertino Bigon, que sabía que la Coppa era el clavo ardiendo del equipo.

El caso es que Maradona, casi dimitido de los entrenamientos (y secretamente aquejado de una pierna izquierda que no le dejaba correr), sorprende por todo lo alto, regala su última gran actuación en Italia. Como reza Corriere dello Sport, se muestra “inspirado como nunca” y, sin apenas moverse, reparte fantásticas asistencias que sus compañeros no logran transformar en alegría.

Pero lo más trascendente sucede en un córner del minuto 22, que esta vez no saca él, sino el heredero Zola. El rodeadísimo Diego, ante cuyos 164 centímetros los defensas genoveses parecen enormes, alcanza a cabecear perfectamente a las mallas desde el área chica. El festejo es consecuente: es el 1-0, que sería único tanto del encuentro, y que encarrila la eliminatoria. ¡Gol!:

Hacía meses, una eternidad, que el ‘Pelusa’ no marcaba un gol ‘no de penalti’. Y por otro lado, este testarazo sería el último gol con la cabeza de la carrera de Maradona, que pese a su poco elevada talla se las arregló para marcar con el cráneo nada menos que 23 veces en partidos de competición oficial.

Aún no se conocía que solo le restaban dos partidos con el Napoli, y que ya no estaría en el choque de vuelta (3 de abril), porque en mitad saltó el positivo por cocaína que cerró tan tristemente su aventura napolitana. El descabezado Napoli perdería contra la Samp en la vuelta (2-0) y ahí moriría su Coppa Italia.

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El ‘Pelusa’ navega entre los charcos genoveses

¿Quién dijo miedo al barro? ‘Jueguito’ inaugural.

Italia puede sonar a soleado Mediterráneo, pero eso es simplificar mucho. Por ejemplo en la norteña Génova, situada a la orilla del Mare Nostrum, puedes encontrarte un tiempo muy desagradable en invierno. Y eso le sucedió al Napoli de Maradona aquel 17 de enero de 1988, cuando le tocó visitar a la Sampdoria en un estadio Marassi ahogado por la lluvia, cada vez más fuerte a lo largo de los 90 minutos.

El terreno de juego, parcialmente encharcado, empezó en tierra blanda y terminó en chocolate. El árbitro Lanese podía haber suspendido el choque, pero decidió que no, y el encuentro se convirtió en un desafío de equilibristas tratando de mantenerse en pie, con los jugadores cada vez más ‘armonizados’ cromáticamente hablando: todos de color marrón

La batalla de Marassi.

Es decir, un panorama medio esperpéntico. Mucha pelea, mucha casta, absolutamente ningún fútbol trenzado (no se podía), pocas oportunidades de gol, cierta superioridad local… y victoria sureña gracias al menos esperable en este ecosistema. El menos esperable si no lo conociéramos: Diego Armando Maradona, autor del único gol, a los 87 minutos

Casi cada vez que el ‘Pibe de Oro’ se encuentra con el balón, repite la misma operación: toquecitos de prestidigitador para elevarlo y abrirlo a un compañero o centrar al área a lo que salga, casi siempre sin resultados apreciables. Pero nunca conviene dejarle un resquicio.

A tres minutos del final del tiempo reglamentario, De Napoli sacó una falta a la olla desde el centro del campo, despejó la zaga sampdoriana y la bola le cayó al ‘10’. Sin pensárselo mucho, el zurdo disparó un punterazo desde la corona del área que le salió fuerte y muy al centro. Otro día probablemente no habría entrado, pero el esférico estaba como embadurnado en grasa: parece que el portero Bistazzoni se tiró antes de tiempo, como esperando un disparo más esquinado, y no acertó a despejar cuando metió la otra mano atrás.

Punterazo desde la corona, la única forma.

El ‘Pibe de Oro’ da una voltereta de festejo y se revuelca en los charcos que tanto le habían fastidiado. Como dijo al final, no se podía jugar en un campo así. Pero ganar… sí.

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17 duelos Boskov-Maradona

El gran Vujadin Boskov. Foto: calcio.fanpage.it

Era tan imprevisible, tan desequilibrante, tan condicionante… que todos los entrenadores que se enfrentaron a sus equipos compartieron una misma pregunta capital: ¿cómo parar a Maradona? A menudo, cambiaban incluso su forma habitual de defender solo porque enfrente estaba ‘Él’.

No era una tarea sencilla para los técnicos adversarios. Pero seguro que también se trataba de un reto y un honor para ellos enfrentarse al número uno. Y la pregunta que surge es, ¿quién se encontró más a menudo con esta preocupación?

La respuesta lleva el nombre de Vujadin Boskov, un mito de los banquillos y autor de frases mitificadas como “fútbol es fútbol”. 17 veces se midió al ‘Pibe de Oro’ en partidos oficiales, cuando entrenaba al Sporting de Gijón (4), al Ascoli (2) y, sobre todo, a su célebre Sampdoria de Génova (11). En estos dos últimos casos, compartió la era gloriosa del Calcio con el Napoli de Maradona, cuyo reinado terminó de derrumbar.

El serbio Boskov –por entonces, yugoslavo- fue primero un extremo derecho internacional. Y, desde antes incluso de quitarse las botas (porque comenzó como entrenador-jugador), no paró en una nutrida carrera de cuatro intensas décadas en los banquillos. Dirigió a equipos pequeños, medianos y grandes de ligas como la italiana, la española, la suiza o la neerlandesa, así como a la selección de su país. Y se ganó a la mayoría de sus entrenados como maestro de la motivación, e incluso con su capacidad de realizar entrenamientos amenos.

Conquistó títulos, como una Liga y dos Copas del Rey con el Real Madrid en sus tres campañas en la ‘Casa Blanca’ (1979-82), o una Copa de los Países Bajos con el ADO Den Haag. Pero su obra cumbre fue precisamente la Samp, todo un outsider venido a más y con mayor espíritu ofensivo que la mayor parte de los italianos. Allí ganó una Recopa (89-90), dos Coppas italianas (87-88 y 88-89) y, por encima de todo, el Scudetto 90-91, único de la historia de la entidad. Por eso, este recuerdo de la afición en un partido a domicilio al poco de su fallecimiento, en 2014:

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Por detrás de Boskov, figuran otros italianos –o que entrenaron en el bel paese-, como Luigi Radice (14 duelos contra Diego, cuando dirigía a Torino, Roma y Bologna); o Giovanni Trapattoni, Osvaldo Bagnoli y Sven-Goran Eriksson (12 cada uno). Los primeros argentinos de este ranking son Carlos Griguol, José Omar Pastoriza, Reynaldo Volken y Juan Carlos Lorenzo, con 10 por barba.

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La Sampdoria remata al mejor Napoli

La Sampdoria triunfal. Foto: Il Fatto Quotidiano.

Después de la monumental crisis de Moscú, 11 días convulsos precedieron a este simbólico carpetazo al mejor Napoli de todos los tiempos. Era la temporada 90-91 y, además de dicha eliminación en la Copa de Europa, el ánimo de Maradona estaba cayendo en picado y a menudo no iba ni a entrenarse; Careca andaba lesionado; y el equipo, que defendía título, marchaba a media tabla en la Serie A.

En la 9ª jornada del campeonato visitaba San Paolo la fascinante Sampdoria de Vujadin Boskov, de la que se decía que jugaba “demasiado bonito como para ganar el Scudetto”. Los Vialli, Mancini, Toninho Cerezo, Vierchowod y demás llevaban varios años terminando entre los primeros de la mejor liga del mundo, y conquistando de propina títulos coperos nacionales y continentales. Pero, en el campionato, los genoveses tendían a decaer en las segundas vueltas.

No obstante, parecía que había llevado el momento. La ‘Samp’ había empezado la nueva temporada como nunca, e iba líder del campeonato. Pero la Serie A es una carrera de fondo, y había margen para que los celestes recuperaran los cinco puntos de desventaja (las victorias, recordemos, otorgaban dos por entonces). Sobre todo, si el Napoli ganaba aquel preciso domingo, 18 de noviembre de 1990. Careca y el ‘10’ volvían al equipo tras su ausencia del anterior encuentro liguero; ¡cualquier cosa podía suceder!

El resultado no lo dice todo, pero es histórico al máximo: 1-4 para los visitantes, que dan una lección majestuosa de contragolpe, con sendos dobletes de los ‘Gemelos del Gol’ Mancini-Vialli. El ‘Burro’ (apodo del Napoli) no juega tan mal como sugiere el marcador, pero la sacudida se toma como el final de una época.

Maradona empieza bien y va perdiendo energía, sucumbiendo a su propia falta de preparación. Es la derrota casera más rimbombante de su larga aventura europea (1982-91). La afición en general guarda silencio tras el pisoteo, solo los ultras se desquitan arrancando asientos y prendiéndoles fuego… Unos y otro saben que la bella fábula maradoniana en el Golfo de Nápoles moría ahí.

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