Napoli-Juve (1990): despierta la fiera dormida

Fuente: footballmusings.home.blog

La Serie A 89-90 estaba aceleradísima, para que la liga italiana terminara a finales de abril y el país entero se centrara en el Mundial de 1990, que llevaba años preparando. Por eso, aquel Napoli-Juventus celebrado en San Paolo hoy hace 30 años suponía ya la jornada número 30 de las 34 del campionato, y con los sureños peleando por el segundo Scudetto de su historia.

Maradona, recordemos, llevaba hasta ahí un curso de claroscuros. A principios de campaña, declarado en rebeldía para que lo traspasaran (no tuvo éxito), retornó de las vacaciones un mes más tarde de lo debido, pasado de kilos y cuando la competición liguera había consumido sus cuatro primeros peldaños. Precisamente con el reto máximo de fondo (tratar de revalidad en Italia ’90 la corona de México ’86), le prometió al nuevo y dialogante técnico Albertino Bigon que se pondría en forma.

Bien, no había sido tan así. Aunque siempre se las arreglaba para marcar el gol decisivo o enviar la asistencia perfecta, la campaña de Diego Armando había sido un carrusel de altibajos, con aparentes mejorías transitorias y súbitos desplomes y dimisiones de los entrenamientos. En el último tramo pareció disciplinarse e ir mejorando definitivamente, pero poco a poco.

Así que incluso sorprendió la auténtica exhibición de fútbol que regaló a los hinchas partenopeos aquel domingo primaveral contra el archienemigo. La Juve se presentó en la capital del sur aún con remotas opciones de título, al que realmente aspiraban el Milan y los napolitanos. Pero los turineses no tuvieron nada que hacer ante un ‘10’ desatado como hacía cerca de un par de años que no se veía (en el vídeo, sus intervenciones):

Grazie, R9godmagic!

El genio argentino firmó dos bellos goles, los dos primeros del 3-1 final. Uno tras recibir en el punto de penalti de espaldas al arco: controló con la diestra y ajustició a Tacconi a la media vuelta, raso y cruzado con la zurda. El otro, en un tiro de falta lejano y centrado, que entró pegado al poste y por bajo, pese a la vehemente colocación de barrera del arquero bianconero.

Pero no solo fue eso. Físicamente pareció otro, enchufado y brioso a lo México ‘86. No dejó de atacar, desbordar, pensar, correr, asistir, regatear… y los rivales solo pudieron sujetarlo a base de agarrones. Relevado por Mauro a seis minutos del final, la ovación que le dedicó San Paolo entero fue de órdago.

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La Sampdoria remata al mejor Napoli

La Sampdoria triunfal. Foto: Il Fatto Quotidiano.

Después de la monumental crisis de Moscú, 11 días convulsos precedieron a este simbólico carpetazo al mejor Napoli de todos los tiempos. Era la temporada 90-91 y, además de dicha eliminación en la Copa de Europa, el ánimo de Maradona estaba cayendo en picado y a menudo no iba ni a entrenarse; Careca andaba lesionado; y el equipo, que defendía título, marchaba a media tabla en la Serie A.

En la 9ª jornada del campeonato visitaba San Paolo la fascinante Sampdoria de Vujadin Boskov, de la que se decía que jugaba “demasiado bonito como para ganar el Scudetto”. Los Vialli, Mancini, Toninho Cerezo, Vierchowod y demás llevaban varios años terminando entre los primeros de la mejor liga del mundo, y conquistando de propina títulos coperos nacionales y continentales. Pero, en el campionato, los genoveses tendían a decaer en las segundas vueltas.

No obstante, parecía que había llevado el momento. La ‘Samp’ había empezado la nueva temporada como nunca, e iba líder del campeonato. Pero la Serie A es una carrera de fondo, y había margen para que los celestes recuperaran los cinco puntos de desventaja (las victorias, recordemos, otorgaban dos por entonces). Sobre todo, si el Napoli ganaba aquel preciso domingo, 18 de noviembre de 1990. Careca y el ‘10’ volvían al equipo tras su ausencia del anterior encuentro liguero; ¡cualquier cosa podía suceder!

El resultado no lo dice todo, pero es histórico al máximo: 1-4 para los visitantes, que dan una lección majestuosa de contragolpe, con sendos dobletes de los ‘Gemelos del Gol’ Mancini-Vialli. El ‘Burro’ (apodo del Napoli) no juega tan mal como sugiere el marcador, pero la sacudida se toma como el final de una época.

Maradona empieza bien y va perdiendo energía, sucumbiendo a su propia falta de preparación. Es la derrota casera más rimbombante de su larga aventura europea (1982-91). La afición en general guarda silencio tras el pisoteo, solo los ultras se desquitan arrancando asientos y prendiéndoles fuego… Unos y otro saben que la bella fábula maradoniana en el Golfo de Nápoles moría ahí.

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Vuelo a Moscú sin ‘10’; se agota el ‘Grande Napoli’

El ‘Pibe de Oro’ jugó siete temporadas en Italia (84-85 a 90-91), en las que cambió la historia de su Napoli y de la Serie A misma, entonces la ‘liga de las estrellas’. Solo la última de esas siete le sobró, claramente.

Tras el Mundial ’90, Maradona había vuelto a regañadientes al precioso golfo napolitano: llevaba dos temporadas intentando que le traspasaran a un fútbol más sosegado, por ejemplo a Francia (Olympique de Marsella). Pero el club dirigido por Corrado Ferlaino se aferraba al contrato, que duraba hasta mediados de 1993.

En ese contexto, la depresión empezó a hacer verdadera mella en Diego Armando. Cada vez faltaba a más entrenamientos y hasta partidos sin explicación, cada vez se hablaba más en los medios de su mala vida nocturna, y de sus supuestos vínculos con la Camorra. El equipo se hundió en Liga, y solo un reto parecía motivar al Maradona 90-91: la Copa de Europa, que la que el Napoli participaba como vigente campeón italiano.

Los partenopeos habían superado la primera fase de la competición sin problemas ante el Ujpest Dozsa húngaro, con actuación estelar maradoniana, golazo de chilena inclusive. En octavos de final correspondió el Spartak de Moscú, y la ida en San Paolo terminó con un engañoso 0-0 (3-2 en tiros a la madera…).

Por tanto, el Napoli se jugaría su ser o no ser en el choque de vuelta, previsto para el miércoles, 7 de noviembre de 1990. El escenario, tan grandioso como gélido a estas alturas de año: el gigantesco Olímpico Lenin de la aún capital de la URSS, macroentidad a punto de disolverse. Pero la cornada con la que los sureños afrontaron el duelo cumbre sucedió antes, el lunes 5, hoy hace 29 años. El Napoli viajaba a destino con dos días de antelación, pero Maradona no acudió al aeropuerto.

Un ‘comité de crisis’, formado por el oscuro Luciano Moggi (director general del club) y varios amigos del ‘10’ en la plantilla, vuelve a la ciudad a tocar timbre de la mansión. Nada. Según algunas versiones periodísticas, seguía dormido tras una descomunal juerga. Moggi le dijo a la prensa que el representante de Maradona, Marcos Franchi, había respondido que el jugador no iba “porque no tenía ganas”.

Por tanto, el equipo voló sin él. Despierto y arrepentido, Maradona terminó viajando a Moscú en aerotaxi e incorporándose al equipo el martes 6. Se dio una vuelta por la Plaza Roja y pidió perdón. Como medida disciplinar ‘a medias’, el entrenador Albertino Bigon le dejó en el banquillo el miércoles 7, pero le dio entrada en el segundo tiempo de un choque que también acabó 0-0 e incluyó prórroga y penaltis. Diego marcó el suyo, pero pasaron los rusos.

Ya nada sería igual en Nápoles. Fuera de la Copa de Europa, peleado con una estrella en decadencia, ahí empezó a morir el ‘Grande Napoli’.

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