Tobillo sano en 102 días

Maradona en su primer entreno con Menotti en el Camp Nou.

La noche del 24 de septiembre de 1983 fue aciaga para Maradona y para el Barça, el club que por entonces le pagaba. En el minuto 57 del duelo contra el Athletic de Bilbao, Goikoetxea realizó la famosa y salvaje entrada que le pudo costar la carrera al ‘10’. El divino tobillo izquierdo quedó hecho trizas tras una de las patadas más famosas de la historia: fractura del maléolo con arrancamiento de ligamentos y luxación.

Esa misma madrugada, el doctor culé González Adrio operó de urgencia y con éxito al crack. Y, más allá de la mediática indignación por el daño sufrido, empezó la tradicional carrera especulativa: ¿cuánto tiempo estaría de baja el fenómeno?, se calculó que tardaría hasta cinco meses. Y más importante aún: ¿su pierna mágica sería la misma a la vuelta?

El resultado, por suerte para todos –incluso Goikoetxea-, fue positivo en ambos casos. Diego Armando estrujó los plazos y retornó a los entrenamientos 102 días más tarde del hachazo, es decir, menos de tres meses y medio después de la agresión.

Fue tal día como hoy, el 4 de enero de 1984, en una práctica realizada en el mismo estadio barcelonista donde el héroe cayó. Ese día le esperaba ya el nuevo entrenador culé, su viejo amigo César Luis Menotti, sustituto del recién fulminado Udo Lattek. El 8 de enero ya jugaría su primer partido. Y, como veríamos a menudo más adelante, el pincel izquierdo no había perdido arte (solo un ejemplo: México ’86).

Hasta ese momento, el trayecto no careció de polémica. Diego hizo caso a su médico de confianza, el ex galeno de la Selección Rubén Oliva, partidario de que volviera a pisar con la extremidad herida cuanto antes. En cambio, los Servicios Médicos del Barça exigían muchísimo más tiempo de inmovilización. Ganó el argentino, y de hecho el ‘Pibe de Oro’ cumplió casi la mitad de su recuperación en su país, con los suyos, a su aire. Salió bien.

P.D. La enciclopedia ‘Maradona, obras completas’ recoge un sinfín de pasajes y datos acerca de la carrera del ‘10’, como los que acabas de leer. Si te interesa hacerte con una, escríbenos:

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Alerta máxima culé: ¡hepatitis!

Foto: goal.com.

La Liga española 82-83 había consumido 15 jornadas de las 34 que había que jugar. Y estaba muy apretada por la parte de arriba, pero el FC Barcelona y su gran fichaje, el más caro de la historia del fútbol –un tal Maradona-, se iban conociendo. El argentino parecía cada vez más adaptado a un fútbol más táctico, grupal y físico como el europeo, tarea que al principio le costó un poco. Y estaba dando sus primeras lecciones mágicas.

En el áspero duelo del Camp Nou contra la Real Sociedad (14ª fecha), el Barça se impuso 1-0 pero perdió a Diego, sustituido a falta de un minuto por duro esguince en el tobillo derecho. Por eso, faltó a la 15ª jornada, de nuevo en casa, cuando el Athletic de Bilbao ganó por 0-1 sin el ‘Pelusa’ delante. Pero ya parecía recuperado para el siguiente encuentro, cuando cayó la bomba…

La prensa deportiva, especialmente la catalana, se echaba las manos a la cabeza tal día como hoy, en 1982: ¡Maradona era baja por tiempo indefinido! Según habían dado a conocer los Servicios Médicos barcelonistas horas antes, se le había descubierto una hepatitis (*) en otro tipo de control médico. ¡El Barça podría zozobrar sin su recién adquirido buque insignia!

(*) Con los años, varias fuentes han terminado sacando a la luz que se trataba de una enfermedad venérea, camuflada desde el club para aminorar el presumible escándalo. Por ejemplo, así se asevera en el libro De puertas adentro, de Lluís Lainz, sobre secretos y anécdotas culés. O, más recientemente, en el documental FC Maradona, dirigido por Roberto Rodríguez, sobre la época blaugrana del ‘10’.

Hepatitis o no, el virus sacó de la circulación a Diego Armando dejó al equipo huérfano. Una escuadra que ya había sido atacada por la fatalidad en años anteriores, con contratiempos en jugadores estelares que, probablemente, habían sido clave en la pérdida de dos Ligas: secuestro del goleador Quini (80-81) y grave lesión de Schuster (81-82).

El astro se perdió tres meses de competición, que incluyeron 12 jornadas de Liga, la Supercopa de Europa (derrota contra el Aston Villa), y algún partido de Copa del Rey y Recopa de Europa. A su vuelta, el 12 de marzo de 1983 (Barça 1-1 Betis), el club acababa de echar al entrenador alemán Udo Lattek y había fichado a César Luis Menotti, mucho más amable para el ‘Pibe de Oro’.

El equipo estaba aún enganchado a la competición, pero al ‘10’ aún le faltaba fuelle. Lo recuperaría, pero no a tiempo de ganar aquella Liga.

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Y, de pronto, Newell’s terminó

Mago rojinegro. Foto: 90s Football.

No hay comparación posible. En ningún lugar dejó Diego Armando mayor huella que en Newell’s Old Boys de Rosario, al menos en proporción con respecto al poco tiempo que pasó siendo rojinegro.

Su trayectoria allí se limitó a unas pocas semanas entre septiembre de 1993 y enero de 1994. Pero entre su increíble puesta a punto tras largo parón (el ‘Pelusa’ recuperó un aspecto casi de adolescente), una larga concentración con la Selección y las lesiones, en cuatro meses y medio apenas pudo jugar con los ‘leprosos’ cinco partidos oficiales y dos amistosos. En cambio, ambas partes recuerdan la época como muy ilusionante. ¡Tan es así que una de las tribunas de El Coloso del Parque, estadio de Newell’s, lleva el nombre del crack…!

Aquella truncada aventura sufrió su herida de muerte tal día como hoy, en 1993. El equipo iba fatal en la clasificación, había cambiado de entrenador y el ‘10’ tenía que jugar sí o sí pese a los contratiempos musculares que arrastraba desde el doble duelo Argentina-Australia por la Repesca premundialista. Además, Newell’s había logrado aplazar un par de compromisos de aquel Torneo Apertura, lo que le había servido precisamente para poder contar con su nuevo capitán; ahora había que recuperarlos atropelladamente.

Así que Maradona se presenta a este Huracán-Newell’s del jueves, 2 de diciembre, tras haber disputado renqueante otros cuatro partidos –incluido uno con la Albiceleste- en los anteriores 15 días: ¡inaguantable…! Y lo que se podía temer, sucedió: poco después de la media hora de acción, el astro aceleró a por un balón y se desgarró el muslo izquierdo. Hubo de abandonar el partido.

En principio, se esperaba un mes de baja para el prócer. Inopinadamente, el calendario podía convertirse ahora en oportuno aliado: poco después del contratiempo, el Torneo Apertura preveía un raro parón hasta finales de febrero, que le venía muy bien a la recuperación de Diego. Pero fue su última aparición oficial en Newell’s, con el jugador minado por un cóctel de problemas físicos y anímicos.

Solo disputó ya con esa camiseta un amistoso contra el Vasco de Gama brasileño, en el que se resintió de otra lesión muscular distinta ¡mientras subía unos escalones para saltar al césped…! De común acuerdo, rescindió su contrato el 1 de febrero de 1994. Estaba deprimido, aunque la presencia a unos meses vista del Mundial de Estados Unidos funcionaría como acicate para su enésimo retorno.

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