Globo perfecto contra San Lorenzo de Almagro

Dos capturas del momentazo.

¿Quién no ha oído hablar del tan manido “devolvió el precio de la entrada”? Pues el ‘10’ siempre dejaba algo como para que el espectador sintiera eso. Pero a menudo no se conformaba con el comido por servido: le regalaba al hincha una generosa propina. Por ejemplo, en aquel Boca-San Lorenzo de Almagro que tuvo lugar en La Bombonera tal día como hoy, en 1981.

Faltaban tres jornadas para terminar la fase de grupos del Campeonato Nacional, uno de los dos torneos de la Primera División argentina por entonces (el Boca de Diego Armando había ganado el anterior, el Metropolitano ’81).

Los ‘xeneizes’ llevaban encarrilada la clasificación para cuartos de final, y Maradona venía de firmar un triplete solo una semana antes, con dos lindos goles de vaselina ante Instituto de Córdoba. Pero ante San Lorenzo protagonizó un globo más, mejor aún si cabe: uno de los más espectaculares de su vida. Recordemos que logró 12 en el conjunto de su carrera, por lo que concentró el 25% en solo ocho días…

Boca triunfó por 3-0, y el segundo tanto (minuto 56) vino de esta espectacular manera: el ‘Pibe de Oro’ recibe en el pico del área grande con el rival Veloso delante, le encara haciéndole recular, amaga y clava un impresionante globo cruzado hacia la escuadra opuesta, por encima de Veloso y del portero Cousillas. La hinchada ‘bostera’ se quemó las manos de aplaudir… ¡Disfruten ustedes también!:

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Marcar en Primera a los 16

Primer gol: el joven Diego comprueba que su zurdazo bate a Lucangioli. Foto: diario ‘La Capital’ (Mar del Plata).

El 14 de noviembre de 1976, Maradona tenía 16 años y 15 días exactos. Y, aquel domingo de hace 43 años, el ‘Pelusa’ de Villa Fiorito disputó su quinto partido en Primera División en el extinto estadio General San Martín de Mar del Plata, ciudad de la enorme provincia de Buenos Aires, situada a 400 kilómetros al sur de la capital del país.

Apenas 1.335 personas asistieron a aquel medio anónimo encuentro del Campeonato Nacional entre el San Lorenzo local y Argentinos Juniors, pero los que lo hicieron presenciaron historia del deporte: los dos primeros goles del futuro rey del fútbol.

El soso primer tiempo había terminado con 1-1, y el entrenador visitante, Jorge Enrico, dio entrada al pibe, con el 15 a la espalda. Ni que decir tiene que le cambió la cara al partido: sirvió un gol a su compañero Carlos Álvarez, cabeceó al larguero y, en los últimos cinco minutos, disparó a las mallas por partida doble para el sensacional 2-5 definitivo. El semanario El Gráfico puntuó su exhibición con 9 puntos sobre 10, más que cualquier otro de los otros 26 futbolistas que pisaron el césped, incluido el trigoleador Álvarez (8).

¿Cómo fueron los dos tantos? En el primero (minuto 87) protagonizó una escapada entre varios rivales, combinó con Hallar o López (según la crónica), regateó a otro defensa y cruzó por bajo, con la zurda, cómo no. En el segundo (minuto 90, foto inferior), remachó tras recibir la asistencia de Ingaramo. De paso, Rubén Lucangioli se convirtió en el primer portero batido por el crack.

Instantes previos al segundo tanto de Maradona. Foto: Diario ‘La Capital’ (Mar del Plata).

Hasta mediados del año pasado, durante casi 42 años, circulaba una foto errónea del segundo gol –tenida por auténtica por el propio Diego Armando-, que incluso parecía de cabeza. Pero una impresionante investigación de Juan Miguel Álvarez, periodista del diario La Capital de Mar del Plata, corrigió ese fallo histórico

La pena es que no existen imágenes en movimiento de estos dos primeros festejos de Maradona. Según explica el mismo Juan Miguel Álvarez en dicho reportaje, “distintas versiones indican que el camarógrafo de Canal 8 decidió irse en el entretiempo del partido, tras grabar un gol de cada equipo. Nunca imaginó el acontecimiento histórico que estaba por ocurrir”.

Diego Maradona celebraría en total 326 goles en partidos de competición oficial: 116 con Argentinos Juniors, 115 con el Napoli, 38 con el Barcelona, 35 con Boca Juniors, 6 con el Sevilla y 16 con la Selección.

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Corona mexicana en París

Las proezas maradonianas en el Mundial de México 1986 siguen retumbando hoy, así que imaginémonos ese mismo año. Lo raro es que el reconocimiento oficial tarde a veces tanto. Igual que la Albiceleste recibió la dorada Copa del Mundo nada más terminó la final contra Alemania Federal (lo lógico), el superhéroe de aquella selección tuvo que esperar para su corona individual. Pasaron más de cuatro meses hasta que Diego Armando recibió físicamente el premio al indiscutible e indiscutido mejor jugador de la edición planetaria.

Aquel 13 de noviembre de 1986, jueves, la revista France Football montó la fiesta en el Lido de París, el cabaret más exclusivo de la capital gala. Dentro construyó una especie de miniestadio para recibir a los más destacados del ya medio lejano Mundial, entre ellos el Balón de Oro, el MVP del torneo.

Podemos decir que no hubo sorpresas: Maradona cosechó 2.564 puntos, y sus seguidores más próximos fueron el portero alemán Schumacher, con 344, y el delantero danés Elkjaer-Larsen, con 236…

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Al trofeo le esperaba un triste destino: años después: fue robado en un sonado asalto al Banco de Nápoles (1989) y fundido para transformarlo en lingotes… Sin embargo, ahí queda en el palmarés.

Recordemos, por otro lado, que se trataba del ‘otro Balón de Oro’, el mundialista. El Balón de Oro más habitual, que distingue al mejor jugador de la temporada y también otorga France Football, nunca fue ganado por Maradona. Se debe a que, hasta 1995, no podían optar a él los nacidos fuera del Viejo Continente, aunque jugaran allí.

Consciente de la injusticia cometida con muchos, y particularmente con el ‘10’, la revista le premió con un trofeo honorífico ese mismo 1995. Incluso, en 2015 publicó un estudio donde afirmaba que, sin restricciones ‘xenófobas’, Diego Armando debería haberlo ganado en 1986 y 1990, coincidiendo con los Mundiales de México e Italia, en vez del soviético Belanov y el alemán Matthaus, respectivamente.

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San Paolox136

Días de gloria en el coliseo partenopeo.

Pues sí, llegó el momento de revisar la parte de arriba de la lista de los 115 estadios en los que jugó Diego Armando. Hace un par de días lanzábamos la pregunta de cuál sería el más veces pisado por las botas mágicas, y la respuesta es facilísima: el San Paolo de Nápoles, con 136 partidos oficiales (21,5% del total). En la SSC Napoli vivió precisamente su época más estable: fueron siete temporadas consecutivas en la misma escuadra (84-85 a 90-91), y eso pesa mucho.

– Curiosidad relacionada: en 5 de esos 136 partidos en el coliseo napolitano, Maradona no fue local. Se debe, por un lado, a un par de partidos de Coppa Italia en los que los adversarios, de muy inferior categoría, procedían de ciudades cercanas y decidieron trasladar su partido casero a Nápoles. El motivo estaba claro: juntar más gente y hacer más caja. Hablamos de los duelos coperos contra la Casertana (84-85) y la Salernitana (85-86), ambas escuadras de Tercera División.

Los otros tres partidos donde San Paolo no fue (teóricamente) feudo maradoniano se dieron en el Mundial de Italia ‘90, pues Argentina disputó allí dos de los duelos de su liguilla inicial (contra la URSS y Rumanía) y la semifinal… ¡contra Italia!

Ahora bien, se supone que el par de choques de primera ronda eran en cancha neutral, pero hablamos de Nápoles y de Maradona. Y en el cara a cara contra el anfitrión, se podría decir que la Albiceleste era la visitante, pero los azzurri siempre se quejaron –tras caer eliminados- de que el ambiente no fue tan favorable como lo hubiera sido en cualquier otro punto del país…

– Por detrás del gigante partenopeo, el segundo estadio del ranking (45 partidos) ya no existe como tal: es la vieja y escueta cancha de madera del barrio de La Paternal, entrañable sede de Argentinos Juniors hasta principios de los 80. Ya en el siglo XXI fue demolida, y vuelta a edificar con formato mucho más moderno y el nombre lógico: estadio Diego Armando Maradona. Ahí sí, el ‘10’ siempre fue local.

– Si seguimos hacia abajo en la lista, aparecen La Bombonera porteña (40 encuentros) y el Camp Nou barcelonés (31). Pero empatado con este último está la gran sorpresa, la cancha de Atlanta, hoy llamada León Kolbowsky: otro club de la capital argentina.

Se debe a que está muy cerca de La Paternal (poco más de 3 kilómetros entre los dos estadios) y además, en su día, era más moderna y amplia que la sede oficial de Argentinos Juniors. Por tanto, entre eso y la proximidad, Argentinos jugaba a menudo allí, aprovechando el tirón de su joya de cantera. No en vano, Maradona fue 26 veces local y solo 5 visitante en dicho terreno.

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Cumpleaños a lo jeque

Foto: abunawaf.com.

En la era preglobalizada, Diego Armando ya era una estrella global, un pionero en el aspecto comercial. Y eso se nota también en cómo aprovechaba los días libres que le dejaba su profesión: a menudo, con más fútbol. A veces en partidos benéficos, y otras en compromisos bizarros con los que aumentar ingresos. Uno de los más curiosos y lucrativos se jugó tal día como hoy, el miércoles 11 de noviembre de 1987, en la exótica Yeda (Arabia Saudí).

El Napoli de Maradona defendía Scudetto en aquella Serie A 87-88 que también lideraba. La 8ª jornada se disputó el domingo 8: 0-0 de los celestes en campo del modesto Como, con una actuación dieguil solo de destellos. El siguiente fin de semana no había liga italiana, por parón de selecciones, así que el ‘10’ voló a la península arábiga, invitado a la celebración de un cumpleaños futbolístico: el 50º aniversario del club local Al-Ahli, que lo festejaba con un amistoso contra el Brondby danés.

El jeque árabe Jaled Abdallah, también mandamás del club, quiso y consiguió reforzar a su escuadra nada menos que con el tal Maradona, y lo logró colocando en el otro lado de la balanza 250.000 dólares, según se publicó entonces… Todos quedaron contentos, porque el Al-Ahli ganó 5-2 y el ‘Pibe de Oro’ marcó un par de goles (uno en gran vaselina, otro cruzando a la escuadra), además terminar el partido aún más áureo de lo que lo empezó.

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115 hinchadas hechizadas

Una carrera que se prolongó entre 1976 y 1997 da para muchas vivencias deportivas, por ejemplo una cantidad enorme de estadios visitados. Como ya hemos comentado en otras entradas, Diego Armando jugó 633 partidos de competición oficial, que se disputaron en 115 estadios diferentes. Más sobre esas sedes:

– De esos 633, 313 encuentros los jugó con el equipo local, 291 con el visitante y 29 veces en campo neutral. De estos últimos 29 casos, 27 fueron en torneos disputados con la Selección en el extranjero, y otras dos corresponden a sendas finales de Copa del Rey en España.

– Si en vez de estadios miramos localidades, resulta que esos 115 campos se enclavan en 94 ciudades. Dos figuran muy por encima de las demás: 181 choques se disputaron en alguna cancha de Buenos Aires, y 136 en Nápoles, ‘su segunda casa’.

– Ahora fijémonos en los países: Italia gana de milagro, pues acogió 254 de los 633 partidos, y 252 son los que se disputaron en Argentina. En total, hubo 22 países con presencia maradoniana en competición oficial.

Otro día desglosaremos los estadios. ¿Adivinan en cuál disfrutaron más veces del ‘10’…?

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Cuatro goles para la eternidad

Cuatro fotogramas de otros tantos goles.

En el álbum dorado de Diego Armando Maradona, el 9 de noviembre es una fecha que centellea entre las que más. Tal día como este, allá por 1980, marcó cuatro goles por primera y última vez en su vida profesional. Y no se los hizo a cualquier equipito, sino a Boca Juniors, gigante del fútbol rioplatense al que se sumaría solo meses después. Y, lo rara vez visto: la todavía afición adversaria aclamó su proeza. ¿Cómo no iba a ir…?

Situémonos. Se disputaba la antepenúltima jornada del Campeonato Nacional ’80, y Argentinos Juniors tenía la suerte de contar aún con el superclase Dieguito, aunque cada vez estaba más claro que no había dinero para seguir reteniendo al figurón durante mucho más. Y el Bicho Colorado escogió el estadio de Vélez Sarsfield –mucho más grande que el suyo- para recibir al coloso auriazul. Un ‘grande’ en horas bajas, pero seguía siendo Boca.

Ambos equipos luchaban por clasificarse para cuartos de final del torneo, con más posibilidades para Argentinos. Por todo esto, la motivación de Maradona y compañía era máxima. Pero había algo más: el factor Gatti.

Hugo Gatti, el veterano, excéntrico y lenguaraz portero boquense, había cometido el error de cabrear al joven ‘Pibe de Oro’. Días antes, en un periódico de provincias, vino a decir que se exageraba con su talento, y que su físico le invitaba a pensar que en unos años sería un “gordito”… Sus palabras fueron repicadas en otro medio de la capital justo en la víspera del choque, y el morbo ya estaba servido. Porque las críticas siempre fueron combustible para el ‘10’…

Así que la venganza fue terrible. Argentinos se impuso por 5-3 en un partido loco, en el que adquirió más ventaja en la segunda parte. Y cuatro de los tantos, esas saetas al parlanchín, fueron obra del ’10’: un penalti, dos tiros de falta, un mano a mano. En resumen:

– El primero, a los 23 minutos (1-1): centra Diego, ¡de rabona!, y la bola pega en la mano de un adversario. Penalti, porque es dentro del área: él mismo transforma la pena máxima con enorme clase y suavidad, engañando totalmente a Gatti.

– El segundo, a los 42 (3-2): una de las grandes genialidades de toda la trayectoria maradoniana. Al crack hacen falta cerca del lateral derecho del área grande, y aprovecha el despiste general para levantarse rápido y chutar desde ahí, con no mucho ángulo. El balón vuela sobre cabezas amigas y adversarias, pega en el palo largo y entra.

– El tercero, a los 48 (4-2): Pasculli le envía por alto un pase perfecto y baja el balón con el pecho, desmarcado en la corona del área. Aprovechando el bote, solo ante Gatti, se la toca con el exterior de la zurda hacia el palo más lejano.

– El cuarto, a los 75 (5-2): brillante pared del ‘10’ con Espíndola, y el fenómeno es cazado por un zaguero en ese complicado límite entre dentro y fuera del área. El árbitro dice que fuera, pero da igual: el ‘Pibe de Oro’ clava la falta por la escuadra…

Al final del choque, los derrotados seguidores de Boca incluso se adelantan a la hinchada de Argentinos en el famoso coro: “Maradoooooo…”. Y el chaval se conmueve: “Me dieron ganas de llorar”.

Epílogo: con este resultado, Argentinos Juniors se clasificó para cuartos, pero allí fue rápidamente eliminado. Era lo lógico: en el cruce no pudo estar su Maradona, concentrado con la Selección.

De hecho, después de su clamoroso póker, Diego solo pudo disputar otros dos encuentros oficiales -y un puñado de amistosos- vestido de colorado. Tras agotadoras negociaciones y mucha plata de por medio, meses después pasó a otra dimensión. El 20 de febrero de 1981 jugó un simbólico amistoso en La Bombonera, nada menos que Boca-Argentinos: el primer tiempo con la camiseta del equipo donde nació y creció, el segundo con la de su inminente amor eterno.

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Único doblete de vaselina

Consideremos ‘gol de vaselina’ al arte de levantar la pelota suavemente por encima de la altura del arquero (o cualquier otro rival que esté en pie ante el tirador) para que el esférico caiga después dentro de la portería. Es el suspense hecho fútbol, un lanzamiento dilatado en el tiempo que provoca que todos los hinchas del estadio (y/o miles o millones de telespectadores) contengan el aliento durante un par de eternos segundos, hasta comprobar la resolución.

El gesto técnico preciso para ejecutar un ‘globo’ goleador de este tipo no está al alcance de todos, y ya sabemos de uno que sí lo incluía en el repertorio. Maradona marcó 12 tantos de este tipo en partidos oficiales, algunos incluidos entre los más perfectos jamás vistos. Curiosamente, cinco de estos goles los concentró en 1981, durante su primera época en Boca. Y solo una vez en su vida marcó dos en el mismo partido.

Sucedió otro 8 de noviembre, el de hace 38 años. Boca Juniors, ya campeón del primer torneo argentino (Metropolitano ’81), disputaba ahora el Campeonato Nacional, que tenía un formato más copero aunque arrancaba con una fase de grupos: parecido a la Champions League actual. Los capitalinos colideraban su liguilla junto a su adversario de esta jornada, Instituto de Córdoba, la segunda ciudad argentina en población. Boca visitaba su estadio Olímpico tal día como hoy en 1981.

Diego Armando estuvo inspirado, y se apuntó un esplendoroso hat trick para el triunfo auriazul por 1-4. El último tanto fue de penalti, pero los dos primeros, en los minutos 14 y 19 de juego, establecieron el 0-2 con sendas y preciosas vaselinas desde la frontal del área. Ambas llegaron en sendas jugadas mano a mano contra el meta Carlos Munutti, ex compañero del ‘10’ en Argentinos Juniors y vendido por su zaga en los dos casos.

Estos goles, sin embargo, tuvieron distinta ejecución. El primer disparo es tras bote, lo que facilita este tipo de lanzamiento: Maradona baja con el pecho el pase largo de Benítez, deja que el césped le devuelva la pelota y toca en altísimo globo ante la media salida del portero. El segundo es más difícil, con el balón a ras de tierra: recibe un pase largo de su guardameta en casi idéntica posición y eleva la bola con la izquierda, tan fácil como si usara la mano.

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Cuarto partido, primer triunfo

El Maradona de 1976. Foto: diario La Capital (Mar del Plata).

Mucho se ha hablado del debut de Dieguito en la Liga argentina, contra Talleres de Córdoba: fue el 20 de octubre de 1976, le faltaban 10 días para cumplir los 16 años y realizó un túnel en su primera jugada… El resto de sus primeros partidos de aquella temporada inaugural con Argentinos Juniors se conocen menos, salvo el día en que marcó por primera vez (y al que ya llegaremos). El niño tomó parte en los últimos 11 choques del Campeonato Nacional ‘76, uno de los dos torneos de Primera División que había por entonces en el país.

Rastreando aquella época, encontramos que tal día como hoy, el 7 de noviembre de hace 43 años, fue cuando Maradona logró su primera victoria entre los ‘mayores’. Sucedió a su cuarto partido, tras haber cumplido las expectativas individuales en los tres primeros, pero haber caído derrotado en los todos ellos.

Se cumplía la jornada número 11 de las 18 que incluía la fase de grupos de aquel Nacional. Argentinos Juniors actuaba ante sus hinchas en la vieja cancha de tablas de La Paternal (situada donde hoy está el moderno estadio del equipo, llamado Diego Armando Maradona), y recibió a Huracán de Comodoro Rivadavia, del lejano sur de la Patagonia.

El Bicho Colorado, sobrenombre de Argentinos, se impuso por 2-0, con goles del ariete Carlos ‘Bartolo’ Álvarez. Diego, que vio el primer tiempo sentado en el banco, entró tras el descanso, con 0-0, y contribuyó a un mejor segundo tiempo. De hecho, el segundo tanto de Álvarez fue consecuencia de un centro del ‘Pibe de Fiorito’, en el minuto 86.

En este anónimo encuentro cosechó Maradona su primer triunfo. Lograría otros 315 de 633 encuentros, entre todas las competiciones. El último (foto de abajo) coincidió con el de su despedida como profesional, el 25 de octubre de 1997: ¡jugando para Boca en cancha de River!

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‘Maestro Inspirador de Soñadores’ en Oxford

Foto: Descubrir UK.

La vida no había llevado a Maradona por el camino de la universidad, pero su maestría sobre el pasto le abrió una magna e inesperada puerta, que no quiso desaprovechar.

Allá por el 6 de noviembre de 1995, hace 24 años, el ‘10’ lucía franja dorada en el pelo, a juego con la que adorna la camiseta de Boca Juniors en el pecho. Había vuelto al club de sus amores 13 años después, y su escuadra iba líder del Torneo Apertura con un partido menos que sus competidores. El día anterior, domingo 5, los ‘xeneizes’ habían batido en La Bombonera a Vélez, otro de los favoritos (1-0).

Y, a pesar del cansancio y lo apretado del calendario (Boca volvía a jugar el jueves 9, precisamente el encuentro aplazado), tras el duelo contra la ‘V’ de Liniers Diego Armando cruzó el charco hacia Inglaterra, tierra teóricamente hostil. Ya el lunes 6, se presentó por todo lo alto en la totémica Universidad de Oxford, donde compareció ante una nutrida y entregada afición formada por estudiantes, docentes y demás.

Allí, de forma simbólica, se le vistió con toga y birrete, y recibió el título honorífico de ‘Maestro Inspirador de Soñadores’. También dejó a todos boquiabiertos dando toques a una pelota de golf con los brillantes zapatos. Y se mostró risueño y desenfadado ante los hijos de quienes habrían querido asesinarlo en México ’86. No eludió ni hablar de la ‘Mano de Dios’…

¿Cómo sucedió este cruce entre dos mundos? La iniciativa fue del argentino Esteban Cichello Hubner, estudiante en Oxford y presidente de una agrupación de alumnos que organizaba actividades extraacadémicas. Pero un par de décadas antes, cuando Dieguito empezaba en Argentinos Juniors, había sido botones en un hotel de Buenos Aires donde se concentraba el equipo. Se ganó la simpatía de Maradona, y logró ese aparente imposible de que ‘D10s’ dijera que sí. Seguro que la ilusión fue enorme en todos los implicados.

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